Mi generación ha vivido durante años una situación en la cual la electricidad era producida por empresas estatales que operaban en las tres fases: generación, transmisión y distribución.
En el mandato de Felipe González, esta actividad se privatizó. La mitología neoliberal exaltó la privatización. Pero el sistema privado no garantiza una mayor eficiencia que el público, entre otras razones, porque las empresas privadas persiguen, sobre todo, las ganancias mientras los derechos de los consumidores pasan a un segundo plano. Los hechos vividos recientemente en Barcelona, refuerzan esta opinión.
No es la primera vez que a causa de una avería en el suministro de la luz se produce una situación caótica: en Buenos Aires, por ejemplo (dónde junto a otras compañías, opera Endesa) en 1999, siete años después de la privatización, se produjo un apagón de 10 días que dejó 500.000 personas en la oscuridad en pleno verano. El apagón también tuvo origen en un incendio de una subestación.
En Catalunya, vivimos un precedente similar al actual en diciembre de 2001. En medio de bajas temperaturas, Endesa dejó sin fluido eléctrico más de un millón de personas a causa, según versión de la propia empresa, de una avería provocada por la rotura de un cable de tierra en una línea de alta tensión.
Apagones similares se han repetido en otras partes del mundo, desde Nueva Zelanda a California y desde la India hasta el Brasil.
¿Cuáles son las causas que siempre se encuentran detrás de este caos? Insuficientes inversiones, deficiencias a la red, carencias en el mantenimiento, externalizació de servicios e inadecuada atención al cliente. Estos son los pecados del servicio eléctrico privado.
Apoyándose en el desconocimiento de esta realidad, se han levantado voces que hipócritamente han calificado de inaceptable el caos producido por el apagón y han criticado únicamente la administración pública. Este tipo de acusaciones huyen del fondo del asunto, e incluso buscan avales para decisiones relacionadas con la energía eléctrica pero ajenas al apagón.
En el mandato de Felipe González, esta actividad se privatizó. La mitología neoliberal exaltó la privatización. Pero el sistema privado no garantiza una mayor eficiencia que el público, entre otras razones, porque las empresas privadas persiguen, sobre todo, las ganancias mientras los derechos de los consumidores pasan a un segundo plano. Los hechos vividos recientemente en Barcelona, refuerzan esta opinión.
No es la primera vez que a causa de una avería en el suministro de la luz se produce una situación caótica: en Buenos Aires, por ejemplo (dónde junto a otras compañías, opera Endesa) en 1999, siete años después de la privatización, se produjo un apagón de 10 días que dejó 500.000 personas en la oscuridad en pleno verano. El apagón también tuvo origen en un incendio de una subestación.
En Catalunya, vivimos un precedente similar al actual en diciembre de 2001. En medio de bajas temperaturas, Endesa dejó sin fluido eléctrico más de un millón de personas a causa, según versión de la propia empresa, de una avería provocada por la rotura de un cable de tierra en una línea de alta tensión.
Apagones similares se han repetido en otras partes del mundo, desde Nueva Zelanda a California y desde la India hasta el Brasil.
¿Cuáles son las causas que siempre se encuentran detrás de este caos? Insuficientes inversiones, deficiencias a la red, carencias en el mantenimiento, externalizació de servicios e inadecuada atención al cliente. Estos son los pecados del servicio eléctrico privado.
Apoyándose en el desconocimiento de esta realidad, se han levantado voces que hipócritamente han calificado de inaceptable el caos producido por el apagón y han criticado únicamente la administración pública. Este tipo de acusaciones huyen del fondo del asunto, e incluso buscan avales para decisiones relacionadas con la energía eléctrica pero ajenas al apagón.
En todo caso, lo que si se puede reprochar a las administraciones públicas, es la falta de exigencia, control y vigilancia. Ahora bien, no tenemos que olvidar, que la derecha y el resto de neoliberales siempre se han opuesto a ello.
Con la privatización el Estado perdió el control del sector energético. En manos privadas, el servicio público de energía eléctrica no es capaz de garantizar las prestaciones que ha contratado con sus clientes. Estas son las causas. El apagón es la conseqüencia.
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Con la privatización el Estado perdió el control del sector energético. En manos privadas, el servicio público de energía eléctrica no es capaz de garantizar las prestaciones que ha contratado con sus clientes. Estas son las causas. El apagón es la conseqüencia.
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