La burocracia es la fuerza consuetudinaria y conservadora más peligrosa; si ella termina por constituir un cuerpo solidario y aparte y se siente independiente de la masa, el partido termina por convertirse en anacrónico y en los momentos de crisis aguda desaparece su contenido social y queda como en las nubes.
Antonio Gramsci.
El debate, dentro de las organizaciones de izquierda es un síntoma de vitalidad. Cuando es franco y abierto, tiene efectos positivos. En cambio es perjudicial si ignora que las posiciones correctas no surgen de pronto dentro la cabeza de la gente ni se escriben de manera mágica en los papeles. Nacen, en todo caso, del contraste entre los planteamientos teóricos y su repercusión en la realidad que se quiere modificar. Si esto último no se tiene en cuenta, entonces aparecen conductas extrañas como las siguientes:
• Aferrarse a planeamientos que se fomentaron en el pasado aunque los hechos hayan puesto en evidencia que no eran adecuados. .
• Acusar de haberse entregado al adversario a aquellos que se han limitado a actuar teniendo en cuenta la coyuntura.
• No tener suficiente valentía para rehabilitar cosas que fueron criticadas en su día pero que gracias a la práctica se ha descubierto que la crítica emitida no era del todo apropiada.
• Cuestionar propuestas que concuerdan con la realidad y pueden ser bien acogidas por la gente, por el simple hecho que son discordantes con aquello que algunos ya han propuesto previamente.
Este tipo de conductas, y otras de similares, ya han sido desenmascaradas en varias ocasiones. Lenin, para poner un ejemplo, indicó en su día, que el marxismo no es dogma sino guía para la acción. A la vez, subrayó la necesidad de buscar la verdad en los hechos, partir en todo de la realidad e integrar la teoría con la práctica separando así los planteamientos acertados de los torcidos.
• Aferrarse a planeamientos que se fomentaron en el pasado aunque los hechos hayan puesto en evidencia que no eran adecuados. .
• Acusar de haberse entregado al adversario a aquellos que se han limitado a actuar teniendo en cuenta la coyuntura.
• No tener suficiente valentía para rehabilitar cosas que fueron criticadas en su día pero que gracias a la práctica se ha descubierto que la crítica emitida no era del todo apropiada.
• Cuestionar propuestas que concuerdan con la realidad y pueden ser bien acogidas por la gente, por el simple hecho que son discordantes con aquello que algunos ya han propuesto previamente.
Este tipo de conductas, y otras de similares, ya han sido desenmascaradas en varias ocasiones. Lenin, para poner un ejemplo, indicó en su día, que el marxismo no es dogma sino guía para la acción. A la vez, subrayó la necesidad de buscar la verdad en los hechos, partir en todo de la realidad e integrar la teoría con la práctica separando así los planteamientos acertados de los torcidos.
Pero debatir de la manera que Lenin recomendaba, no es fácil. Es más cómodo hacerlo con “debates” rimbombantes y esquemáticos como los que ahora promueven los medios de comunicación de masas dónde además se estimula la participación de estafadores y bufones de todo tipo . Ahora bien, cuando esta clase de debates, se trasladan a los partidos políticos de la izquierda, entonces acaban a torta limpia.
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