Hemos llegado al pleno empleo?.
El discurso oficiales, dice que sí. Apuntala esta visión optimista, con el gran volumen de ocupación generada, que en cifras absolutas ha sido ciertamente impresionante. Ahora bien, el número de personas desocupadas todavía se sitúa en el umbral del millón y medio y crecen las reservas de personas en edad de trabajar pero no incluidas entre la población activa.
El concepto empleo.
La visión optimista y oficial, incluye una equivocación sobre el concepto empleo. Para la mayoría de la gente, empleo significa un contrato a tiempo completo con duración indeterminada y que al menos garantice unos ingresos superiores al salario mínimo interprofesional.
Una parte del empleo actual, no asegura estos requisitos mínimos y vitales. Las estadísticas sobre salarios, son un buen reflejo de esta realidad. Según los datos suministrados por la Agencia Tributaría cerca del 29% de los asalariados (casi 5.000.000!) obtienen ingresos anuales por debajo del SMI. Son mujeres y hombres - víctimas de la precariedad y de la rotación laboral- con contrato a tiempo parcial y o/obligadas a compaginar periodos de ocupación con periodos de paro.
Precariedad y realidad productiva.
Podría imaginarse que una parte notoria de estos precarios, trabajan en empresas poco rentables o en actividades puntuales. Generalmente no es así. La mayoría se concentran en la hosteleria, servicios y construcción dónde hay una gran parte de empresas que pueden ser etiquetadas como de bajo valor añadido. Ahora bien, en estos sectores últimamente se han alcanzado tasas altísimas de beneficios.
Una parte nada despreciable de esta empleo precario ha sido generada por la descentralización productiva y esto tiene mucho que ver con las maneras de hacer de las empresas multinacionales.
El empleo precario tampoco responde a necesidades productivas puntuales, como afirma la versión oficial. Mayoritariamente se localiza en actividades económicas de caracter permanente y esto deja al descubierto que muchos de los contratos temporales lo son en fraude de ley.
La flexiseguridad.
La flexiseguridad propugnada por la Comisión Europea, no pretende atenuar esta situación. La agravaría!. Con la excusa de la globalización y de las nuevas normas del mercado, reclama a los asalariados una adaptación permanente a los azares de la demanda. Son excusas de mal pagador. Lo que verdaderamente se persigue, es acabar con la ocupación estable modificando así la correlación de fuerzas sociales, para inclinarla todavía más del lado de los patrones. No se puede aceptar!.
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