Ahora, que el paro crece y se incrusta de nuevo, parecería lógico restablecer el debate sobre la reducción de la jornada con el fin de ampliar los volúmenes de empleo, garantizar un mejor reparto de la riqueza y mejorar la calidad de vida de la población trabajadora.
Pero los ministros de trabajo de la Unión Europea , hacen lo contrario: acaban de aprobar una directiva que permitirá a los empresarios alargar el tiempo de trabajo de los asalariados a un máximo de 65 horas a la semana.
Para intentar acorralar a los sindicatos, la directiva propone que la ampliación de la jornada se autorice con un acuerdo colectivo. Ahora bien, también sitúa la posibilidad de hacerlo a través de un acuerdo individual con el trabajador afectado.
Trabajar 65 horas, si no me fallan las cuentas , quiere decir hacer una jornada diaria de 13 horas, de lunes a viernes. Otra posibilidad seria trabajar 12 horas diarias siempre que se estuviera dispuesto a trasladar 5 horas al sábado reduciendo así el descanso semanal a un día y medio.
Lamento ser tan simple. Pero los hechos son claros: aprovechando la ampliación a nuevos países y a través del discurso sobre la flexiseguretat se está disgregando progresivamente el derecho laboral allá donde este existe y se evita que progrese dónde todavía no existe.
Europa avanza, mientras que las clases trabajadoras retrocedemos. Retrocedemos en derechos, retrocedemos en garantías y retrocedemos en bienestar.
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