Las últimas elecciones generales han ocasionado un golpe duro al bipartidismo en Alemania y en Portugal. En Alemania la suma de CDU-CSU y SPD representa menos del 57% de los votantes contra un 70% de 2005 y el 80% en el decenio de 1990.
Los grandes derrotados en Alemania han sido los socialdemócratas, pero la CDU-CSU también retrocede y obtiene su peor resultado desde la fundación de la República Federal.
Los comicios dan la victoria a una derecha menos homogénea de lo que parece. El aumento de los liberales y su papel determinante en la formación de un gobierno nítidamente de derechas modifica la correlación de fuerzas gubernamental: el Partido liberal (FDP) es un ferviente defensor de las políticas económicas más regresivas; en política exterior es atlantista y partidario de la Unión Europea siempre que sea fiel a la concepción liberal.
Los grandes derrotados en Alemania han sido los socialdemócratas, pero la CDU-CSU también retrocede y obtiene su peor resultado desde la fundación de la República Federal.
Los comicios dan la victoria a una derecha menos homogénea de lo que parece. El aumento de los liberales y su papel determinante en la formación de un gobierno nítidamente de derechas modifica la correlación de fuerzas gubernamental: el Partido liberal (FDP) es un ferviente defensor de las políticas económicas más regresivas; en política exterior es atlantista y partidario de la Unión Europea siempre que sea fiel a la concepción liberal.

Los socialdemócratas (PSD) pagan un alto precio por su aceptación de determinados postulados de derechas, primero de la mano de Gerhard Schröder y después al participar en un gobierno de coalición con la derechista CDU-CSU. El PSD registra una caída de -11'2 puntos porcentuales y pierdo más de seis millones de votos. Esto incluso tiene consecuencias continentales dado que el PSD ha sido durante años el principal baluarte de la socialdemocracia europea.
Junto con el progreso del Partido liberal, los resultados de Die Linke y los del Partido verde, constituyen la principal causa de la pérdida de peso del bipartidismo. Die Linke aumenta 3,2 puntos y llega al 12%. Su capacidad unitaria y la coherencia política le han otorgado un lugar importante dentro del mapa político alemán pese a los permanentes intentos de marginación al que lo han sometido los poderosos. Se trata de una heroicidad difícil de imaginar hace unos años! Los Verdes también consiguen un buen resultado y superan el peligro de desprestigio que podía ocasionarles la participación en su día en el gobierno de Gerhard Schröder.
La política de la nueva coalición en el gobierno probablemente acentuará los conflicto entre derechas e izquierdas dado que tendrá una conducta menos civilizada en las esferas económica y social. El programa económico del FDP asegura días negros para los trabajadores no sólo de Alemania sino también para los de todo Europa. El conflicto derechas izquierdas se manifestará igualmente en la política energética (cuestionando la estrategia de renuncia escalonada a la energía nuclear), en la cuestión de la defensa (incluida la presencia en Afganistán) o en política exterior (impidiendo la entrada de Turquía a la Unión Europea). Todo esto, en un futuro, puede propiciar un nuevo "tripartito" "rojo-rojo-verde" con el SPD, Die Linke y el Partido Verde.
A diferencia de Alemania, en Portugal la derecha reaccionaria no logra la mayoría parlamentaria que tanto anhelaba. El Partido Socialista Portugués seguirá gobernante, aunque esta vez sin mayoría absoluta. Pero igual que en Alemania los dos puntales del bipartidismo retroceden. Quienes progresan, en cambio son el Bloco y la coalición (CDU) formada por el Partido Comunista Portugués y los Verdes.
El Bloco, con una campaña muy centrada en el enfrentamiento permanente desde posiciones de izquierdas con la política gubernamental del Partido Socialista, ha multiplica tanto el número de votos como el de escaños.
Aparentemente la tendencia de las elecciones de Grecia ha sido justamente la contraría de Alemania y Portugal dado que los socialdemócratas han asumido la mayoría absoluta mientras el Partido Comunista Griego (KKE) y la coalición rojo, verde y violeta (SYRIZA) han sufrido un leve retroceso. Pero las cosas son algo más complejas.
De hecho el gran salto del KKE y SYRIZA se produjo en las elecciones generales anterior cuando ambos prácticamente duplicaron escaños. Ahora los socialdemócratas han sacado tajada de la voluntad mayoritaria de expulsar a un gobierno de derechas desprestigiado. Esto no ha impedido que el KKE y SYRIZA conservaran una buena parte de avance logrado hace 2 años.

No obstando, no nos puede pasar por alto que un incremento notorio de la movilización y su radicalización, cosa que cómo sabemos bien ha ocurrido a Grecia , no resultan suficientes para garantizar un progreso electoral de las posiciones más de izquierdas si no va acompañado de propuestas factibles, unitarias y coherente. Esto en Grecia no ha sido del todo posible por varías razones. Una de estas razones se encuentra probablemente en la conducta del PKK que ha evolucionado hacia posiciones que yo me atrevería a calificar como algo rígidas. Con respecto a SYRIZA debemos decir que no ha sido capaz de gestionar adecuadamente su pluralidad y durante estos años ha vivido algún que otro episodio de crisis interna.
Globalmente, las tres elecciones celebradas demuestran que pese a los mensajes bipartidistas, hay mucha gente que entiende que el único objetivo de las contiendas electorales no puede ser cambiar un partido de gobierno por otro, sino que también hace falta cambiar las políticas que se hacen desde el gobierno. Las elecciones han resultado ser un buen momento para hablar de los desempleados, los jóvenes, los trabajadores, la tasa de pobreza y para agrupar a través del voto a las personas que reclaman un futuro con dignidad. Los resultados permitirán que la composición del parlamento refleje mejor las respectivas realidades políticas y sociales.