
El sistema económico capitalista es inestable y periódicamente produce depresiones profundas y de duración prolongada en las cuales, como pasa ahora, el paro crece por encima de lo habitual.
La solución a estas situaciones siempre ha requerido combinaciones particulares de actuaciones económicas y políticas.
Desde el comienzo oficial de la actual crisis económica hasta el presente, el número de desempleados ha aumentado en varios millones. Delante de esta realidad, las derechas y la mayor parte de comentaristas económicos piden medidas al gobierno para frenar el paro. Sin embargo, no se atreven a sugerir que sea el propio gobierno quien contrate directamente a los desempleados. Se limitan a demandar bonificaciones económicas y mayores facilidades en el despido a la espera que esto anime a los empresarios a contratar parados.
No soy de los obstinados en hacer paralelismos entre esta crisis y la gran depresión iniciada en 1929. Pero quiero recordar que lo que en aquella situación finalmente atenuó el paro no fueron ni las bonificaciones concedidas a los empresarios ni las reformas desreguladores del mercado de trabajo, que generalmente no se produjeron. Lo que "resolvió" el problema del paro fue más bien el estallido de la Segunda Guerra Mundial que incorporó a millones de parados en la industria destinada a atender a las fuerzas armadas. Fueron, por lo tanto, los gobiernos y las decisiones políticas los que facilitaron el empleo.
La guerra no tiene por que ser el único media para implementar un programa de ocupación por parte del gobierno.
Hoy, como en la década de 1930, la mayoría de la gente quiere la actividad del gobierno para acabar con el paro. Ahora, como entonces, la oposición a la intervención del gobierno proviene principalmente de los mismos que lo acusan de pasividad a la hora de reducir el paro (consejos de administración, accionistas mayoritarios, grandes inversores,...) porque se oponen a pagar impuestos adicionales e intentan impedir que el gobierno pueda controlar o regular su actividad. También tienen miedo que el gobierno pueda competir con ellos convirtiéndose en empresario.
Hoy existen políticas para ayudar y rescatar a las empresas y esto se ve como normal. En cambio parece una barbaridad solicitar que el gobierno se dedique a ocupar a la fuerza de trabajo que las empresas privadas han despedido.
Un programa serio de ocupación impulsado desde el gobierno no puede ser nunca una cuestión subordinada a la actuación de las empresas privadas que se limitan a buscar su interés particular. Debe ser, por el contrario, una prioridad social y una cuestión De ECONOMÍA POLÍTICA con mayúsculas.