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¿Qué pasa en el mundo árabe?

Los medios de comunicación europeos y norteamericanos, presentan las protestas recientes en el mundo árabe como “una revolución de Facebook”. Es una manera de presentar las cosas ajustada con el egocentrismo que practican.

Pocos pueden negar que las redes sociales permiten un avance significativo en la libertad de expresión y de asociación y que ayudan a difundir y a acelerar la información. Pero Facebook, YouTube son sólo herramientas, y las herramientas por sí solas ni originan ni provocan los cambios.

Detrás de las protestas que sacuden al mundo árabe, se encuentra el malestar ocasionado por la represión y el empeoramiento de las condiciones de trabajo y de vida de las clases populares por la aplicación de las políticas neoliberales.

La historia nos enseña que la combinación entre un incremento de los precios de los alimentos y del paro bajo un régimen dictatorial crean condiciones favorables para la agitación social. Los alimentos y las libertades cuando se desencadena una revolución social siempre se exigen. Los gritos de “pan y libertad” se escucharon en la revolución francesa y se oyeron de nuevo años después en la revolución rusa.

Pero si las clases populares no disponen de organizaciones políticas y sindicales potentes, las revoluciones corren el riesgo de convertirse en una farsa o incluso pueden acabar siendo aprovechadas por alguna potencia imperialista para extender sus garras.

En todo caso, también existen motivos para el optimismo. En las últimas décadas, los países del norte de África han sido elegidos por algunas gran empresas multinacionales para localizar sus plantas productivas. Esto ha dado lugar a la aparición de una clase obrera más numerosa y organizada que antes. El crecimiento capitalista crea las condiciones para que las personas se unan para exigir cambios fundamentales en las dimensiones política y económica de sus vidas.

Ahora, en los países árabes existe una disputa por la hegemonía. Los trabajadores pueden tener un papel importante. Pero deberían que ser capaces de cooperar con los campesinos pobres, que todavía conforman el grupo social mayoritario en estos países, y con los pequeños empresarios propietarios de talleres y comercios que ha sido muy golpeados por la crisis capitalista