A pocos días de
la gran manifestación del Once de septiembre, y tras una intento de negociación
con Rajoy sobre el Pacto Fiscal, Artur Mas ha sido recibido como un héroe en la
Plaza de Sant Jaume de Barcelona donde se han concentrado los mandatarios de
una serie de organizaciones culturales, que según TV3, ahora son los
representantes de una llamada "sociedad civil". No estaban, en
cambio, ni los sindicatos, ni las asociaciones de vecinos, ni la mayoría de
movimientos sociales, pero eso no importaba, para TV3 no forman parte de la
"sociedad civil". Tampoco estaban los representantes de los partidos
políticos, ni siquiera los que apoyaron el Pacto Fiscal, lo que para los
convocados es un problema menor: quien ahora nos representa y nos guía es Mas,
el hombre que como decía una de las pancartas, es el Presidente de todos.
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La estrategia de CiU
La concentración de la Plaza de Sant Jaume hubiera sido una charlotada de no venir precedida por la gran manifestación del Once de Septiembre, la más masiva celebrada en Cataluña, a la sombra de la “estelada”
El carácter exitoso de la manifestación se debe a varias razones:
El carácter exitoso de la manifestación se debe a varias razones:
Por un lado, hay
tres fenómenos desencadenantes.
1º
La
sentencia del Estatut que precisó que ya no había más posibilidades de mejora
del autogobierno dentro del actual marco institucional mientras que si que eran
posibles más recortes autonómicos como hemos podido comprobar con
posterioridad.
2º
El la
ofensiva españolista que se extiende por todo el Estado y que no hace otra cosa
que ensanchar la grieta con Cataluña e indignar a la mayoría de catalanes.
3º
Las
consecuencias de la crisis económica que empeoran las condiciones de vida de
mucha gente que busca una tabla de salvación.
Por otro lado,
también debemos destacar la aparición y crecimiento de organizaciones sociales,
con apoyos de todo tipo (de base, cultural, intelectual, institucional,
mediático,...) que tienen una gran capacidad para organizar el malestar de la
población y canalizarlo hacia reivindicaciones independentistas y ahora,
además, han encontrado un filón en torno al agravio que supone el llamado
expolio fiscal.
Todo esto ya
anunciaba, a mediados de julio, que la manifestación independentista del Once
de Septiembre, convocada por la Asamblea Nacional, agruparía a cientos de miles
de personas. Esto para Convergencia podía acabar siendo un problema, pero, como
veremos a continuación, también era una oportunidad.
El problema
estaba en que Convergencia colocaba como reivindicación principal el pacto
fiscal. La negociación de este pacto con el gobierno del PP ya estaba a punto
de caer y en las condiciones actuales, a corto plazo condenada a un estrepitoso
fracaso. Por el contrario, la gente se estaba organizando a marchas forzadas
para salir a la calle reclamando la independencia a través de una manifestación
que ya era evidente que sería un éxito. En estas condiciones, el ridículo
convergente podía ser sonado, poniendo al descubierto todas sus miserias y
situando en primer plano, el carácter nocivo de la política de recortes
sociales del Gobierno de la Generalitat.
La oportunidad
estaba en que la manifestación podía convertirse en un golpe de fuerza que
ayudaría al gobierno de la Generalitat a negociar en mejores condiciones y éste
es, justamente, el camino que se tomó.
Felip Puig fue el
primero en abrir un debate sobre la oportunidad que Artur Mas encabezara o no
la manifestación, mientras, CiU y todos los medios de comunicación afines se
lanzaban a apoyarla con todos los utensilios a su alcance. Esta estrategia del
aparato convergente permitió redondear el éxito de la manifestación. El grito
independentista se convirtió en la antesala de la negociación del pacto fiscal
y al mismo tiempo, en la puerta de salida del previsible fracaso. Hay que
reconocer, en todo caso, que la puesta en escena ha sido magistral ya que Artur
Mas es un excelente comunicador y cuenta con instrumentos poderosos a la hora
de comunicar.
La fuerza de las Manifestaciones
Una manifestación
como la del Once de Septiembre tiene un significado enorme y pone al
descubierto que una parte de la población considera que la independencia es un
objetivo deseable y muchos piensan además que este objetivo se logrará a corto
plazo dando lugar a un nuevo Estado dentro de la Unión Europea. Convergencia,
por su parte, incentiva este sueño.
Pero la
manifestación del Once de Septiembre no es la primera manifestación de masas a
la que hemos asistido
El 14 de
diciembre de 1988, por ejemplo, hubo una impresionante huelga general que contó
con el apoyo de varios millones de personas y llenó las plazas de las ciudades
más importantes. ¿Imaginan ustedes lo que hubiera pasado si a continuación los
líderes sindicales o Julio Anguita, que entonces presidía el grupo
parlamentario de Izquierda Unida, hubieran dicho que se abría el camino hacia
la revolución socialista?
Cuando la guerra
de Irak, hubo otra gran manifestación, con características similares a la del
Once de Septiembre que comentamos. ¿ Imaginan la carcajada general si alguien
hubiera dicho que ya se abrían las puertas para una salida a corto plazo de
España de la OTAN y que Cataluña encabezaría la lucha contra el imperialismo?
Las manifestaciones son muy necesarias. Sin manifestaciones el pueblo queda
marginado. Pueden servir para expresar un estado de ánimo, apoyar una
negociación o detener una medida o una decisión injusta. Pero por sí solas no
son suficientes, ni para hacer una revolución ni siquiera para conseguir un
cambio político de amplio alcance, aunque pueden ser un medio precioso para
acompañarlo.
En todo caso, la
pregunta que debemos formularnos ahora es la siguiente: ¿Tiene más valor la
participación de cientos de miles de personas en una manifestación que la de un
número similar i incluso superior de personas en una huelga general como la que
se celebró hace menos de un año?
¿Es posible la independencia exprés?
Hay objetivos que
son irreversibles y por tanto, tarde o temprano se alcanzarán y también hay
situaciones que obligatoriamente están condenadas a tomar una dirección
concreta dado que están afectadas por cierto determinismo económico.
Cuando algunos
decían en 2007 que pronto saldríamos de la crisis, podíamos afirmar con cierta
seguridad que era una quimera, dadas las características económicas de la coyuntura.
Cuando ingenuamente hay personas que proponen un decrecimiento prolongado bajo
el capitalismo podemos decir que esto no es factible ya que hay una serie de
condicionantes que conllevan que el capitalismo crezca de forma continuada, a
excepción de los momentos de crisis económica. Con un decrecimiento organizado
dentro del mismo capitalismo, este sistema económico moriría por voluntad
propia y los capitalistas no estando dispuestos a hacer un sacrificio tan
grande. Y cuando algunos decimos que la revolución socialista es posible, lo
hacemos basándonos en un estudio científico de la realidad que nos indica que
el sistema capitalista está atravesado por una serie de contradicciones y que
este sistema tiene límites finitos, tanto en el terreno económico como en el
ambiental. En cambio, no hay ningún determinismo económico que indique que la
independencia de Cataluña es un hecho irreversible. Ahora bien, tampoco hay
ningún determinismo que impida conseguirla. Se trata, por tanto, de un evento
condicionado directamente por la coyuntura del momento.
Entonces,
¿podemos decir que las condiciones económicas y políticas actuales nos conducen
irremediablemente a la independencia?
Para aclararlo
formularé tres preguntas
- ¿Están los empresarios dispuesto a cerrar sus
negocios y convocar junto a los trabajadores una huelga genera por la
independencia, dado el carácter interclasista de la reivindicación
nacional?
- ¿Hay alguna potencia internacional
estratégicamente interesada en apostar por la independencia de Cataluña y
enfrentarse por tanto, a España?
- ¿Está dispuesta la Unión Europea a pesar por
encima de la voluntad del Estado español y reconocer a una Catalunya
independiente?
Mi percepción es
que los empresarios apuestan a fondo para el pacto fiscal pero no quieren ir
mucho más allá. La integración de la burguesía catalana dentro la oligarquía
española prosperó a la sombra de políticas económicas proteccionistas y,
durante un cierto período, la burguesía catalana pudo hacer un uso peculiar de
determinados recursos económicos que gestionó la Mancomunidad. Todo ello
contribuyó a que Catalunya jugara un papel de motor económico de España
beneficioso para los burgueses y para los terratenientes de ambas partes. La
situación actual, por el contrario, no favorece el desarrollo económico
capitalista de Cataluña sino que lo obstruye. Por eso la burguesía catalana se
pronuncia mayoritariamente a favor del Pacto Fiscal, pero de ahí a apostar por
la independencia hay un paso que difícilmente estaría dispuesta a dar.
En cuanto a los
intereses estratégicos, Cataluña no dispone de la peculiaridad de ninguno de
los nuevos estados bálticos ni los surgidos de la antigua Europa del Este.
España, no olvidemos, forma parte de la OTAN y desde los cincuenta ha asumido
un papel sumiso hacia EEUU. Lo que puede dar Cataluña a las grandes potencias,
España es capaz de darlo multiplicado por diez.
En cuanto a la
Unión Europea, lo primero que hay que señalar es que ahora no se caracteriza
precisamente por respetar la libertad de los pueblos. Justamente hace lo
contrario: recorta su soberanía nacional para poder servir mejor a los grandes
grupos capitalistas. Los poderosos de Europa, de momento se lo miran desde la
distancia e intentan ver si esto les puede servir para mejorar sus negocios.
Pero no está claro que la defensa de estos negocias se pueda hacer mejor con
una Catalunya independiente.
El estado español, como el Estado más
multinacional de la Unión Europea.
En la Unión
Europea podemos encontrar Estados multinacionales, pero quien en este terreno
ocupa el primer lugar es el Estado español. Por esta misma razón es saludable
que el conflicto tenga eco internacional, y no es de recibo que la Comisión
Europea pretenda quedar al margen.
Desde este punto
de vista, es interesante ampliar el eco del conflicto y dejar claro que el
Estado plurinacional Español es un estado monárquico mal acabado y sin un buen
encaje para que todas las naciones que lo integran puedan convivir libremente y en pie de igualdad.
El derecho a la autodeterminación
Una manifestación
es una expresión de la voluntad democrática de la gente. Pero la manera más
democrática de expresión debe ser el ejercicio de lo que se denomina derecho a
decidir, que no es otra cosa que el ejercicio del derecho a la
autodeterminación. Este debería ser el objetivo estratégico de todos los
catalanes y también debería ser la reivindicación que levantaran en el resto
del Estado español todos aquellos que apuestan por acabar con toda forma de
opresión nacional.
Como hemos visto
últimamente, esta opción no la pueden defender los dos grandes partidos que
conforman el bipartidismo. El problema está, que el desprestigio del
bipartidismo español, en Cataluña puede acabar dando lugar a una nueva
hegemonía de CiU.
La construcción de organismos de Estado
Artur Más propone
ahora construir organismo de Estado. Pero ¿eso no es precisamente lo que se ha
venido haciendo con el desarrollo del Estatuto de Autonomía? ¿No son la
sanidad, la enseñanza o la policía autonómica organismos de Estado? No se está
dedicando CiU a recortar y privatizar
estos organismos?
Por la liberación nacional y social
Ciu no es capaz
de proponer una salida nacional beneficiosa para la mayoría de catalanes. Es un
partido de derechas que apuesta por los recortes y la privatización. Acabar
con la salida capitalista de la crisis es difícil. También será difícil
conseguir el derecho a la autodeterminación. El camino exige juntar estas y
otras reivindicaciones y construir un amplio bloque que permita lograr la
liberación nacional y social.