Desde los comienzos de mi militancia política, hasta la actualidad, vengo enarbolando la consigna de la República democrática, sin que eso me impidiera ver las modificaciones que se han ido produciendo en cada una de las coyunturas políticas.La República, en España, siempre ha estado asociada a periodos de libertad y democracia. Su conquista, siempre ha sido posible, gracias a la movilización y a la lucha popular. Las clases trabajadoras, siempre la han defendido, frente a aquéllos que la han querido derribar. Y sólo nos pudo ser arrabatada, a través de la vía militar. El pueblo Español, en cambio, rechazó por la vía electoral, la Monarquía antes de la Guerra Civil.
Aquí, y ahora, la República continúa siendo un objetivo a conquistar. Pero no se trata de mencionarla de forma aislada como una palabra más o de mezclar de vez en cuando la bandera tricolora con las reivindicaciones cotidianas de la gente, cuando nadie nos lo pide.Las clases dominantes tienen interés en presentar el 14 de abril como una fecha en la que un puñado de enloquecidos salen a la calle o algunos viejos nostálgicos se reúnen para hablar de sus tiempos. Los medios de comunicación mayoritarios, asimilan la república, con una pieza de arqueología. No deberíamos reforzar estos argumentos.Tenemos que ser capaces, en cambio, de situar la III República como un objetivo estratégico para nuestro pueblo y adecuado a nuestros días, considerándola como la forma de Estado que corresponde a una democracia de nuevo tipo (democracia tanto en los ámbitos políticos, como en los económicos, en los territoriales y en los sociales).Hoy, como ayer, la República democrática, puede significar claramente una aspiración de libertad a la que nunca se llegará bajo la Monarquía y bajo el actual marco constitucional: "España, mañana, será republicana".