El próximo 7 de octubre la Confederación Sindical Internacional convoca una Jornada Mundial de lucha por el Trabajo Decente.El concepto de Trabajo Decente, fue introducido y promovido por la OIT como una herramienta para combatir la pobreza. Se trataría de asegurar unas condiciones laborales que garanticen un salario suficiente para cubrir las necesidades elementales, protección social básica y respecto de los derechos sindicales.
Estos objetivos, en muchos lugares del mundo todavía no se han conseguido: El modelo neoliberal de globalización ha producido grandes diferencias salariales mientras las grandes empresas multinacionales han reorganizado su proceso productivo en busca de mano de obra barata. Más de la mitad de la humanidad todavía no dispone de protección social, y esta situación perjudica de una manera especial a las mujeres. Por lo tanto, es imprescindible reducir la brecha salarial y reforzar y ampliar la cobertura de la protección social, las pensiones, las prestaciones de paro, la protección de la maternidad y garantizar servicios sanitarios para todo el mundo.
En Europa, una parte de los objetivos que se reivindican, ya habían sido logrados, pero ahora se sufre una fuerte ofensiva que pretende devaluar las condiciones laborales y arrinconar algunos de los derechos. Por esta razón, la jornada internacional puede ser un marco perfecto para oponerse al proyecto de Directiva europea de tiempo de trabajo, que en caso de prosperar permitiría trabajar, en determinados casos, 60, o incluso 65, horas semanales.
Por otra parte, la experiencia nos ha enseñado que la existencia en otros países de condiciones laborales peores que las nuestras repercute negativamente en nuestras propias condiciones de trabajo. Esta es una lección que ya hemos tenido ocasión de aprender de manera repetida y que ahora conviene recordar.
La jornada de lucha también debe servirnos para oponernos al trabajo informal o no declarado, que ha ido en aumento en los últimos años, tanto en los países empobrecidos como en los industrializados. El trabajo informal se realiza al margen de las normas laborales, y esto comporta mayor precariedad e injusticia social. El paro y la ocupación informal y precaria son, para muchas personas en el mundo, sinónimo de pobreza.
A menudo se aduce que las empresas no pueden permitirse salarios decentes y mejores condiciones laborales puesto que esto comportaría un incremento insoportable de los precios. Pero la actual crisis económica internacional demuestra justamente lo contrario:
Desde la década de los 80 del siglo pasado, y coincidiendo con los periodos de mayor expansión de la globalización neoliberal, los salarios han ido perdiendo peso dentro del reparto de rentas. Las rentas del capital, en cambio, se han incrementado. Este fenómeno, no sólo ha ocurrido en España sino que ha tenido alcance mundial.
La distribución más injusta de la renta ha comportado un proceso de concentración de riqueza nunca visto hasta ahora y ha servido para espolear la burbuja especulativa que al estallar ha actuado como desencadenante de la actual crisis de Wall Street.
He aquí pues, una razón más por la cual la lucha por el trabajo decente y por una distribución de la riqueza más favorable para las clases trabajadores y para los países empobrecidos del Sur, resulta especialmente necesaria ante la actual crisis del sistema económico mundial.
Gobiernos, instituciones multilaterales y sobre todo las empresas multinacionales, son responsables del actual modelo neoliberal de globalización que produce pobreza e injusticia social. También son los responsables de la inexistencia de regulación democrática de los mercados y de las actuales crisis financiera, alimenticia y energética, que dañan de una manera especial a los más débiles.
Hace falta modificar la actual globalización neoliberal para garantizar el trabajo decente, el desarrollo sostenible y la universalización de los principios y derechos fundamentales del trabajo. El comercio internacional no debe ser un fin en sí mismo, sino un sistema de intercambio justo que erradique las desigualdades y la pobreza.
Por todo esto, debemos participar activamente en las acciones que el próximo 7 de octubre se realizarán en las empresas (asambleas, pronunciamientos, paros simbólicos...), y en la calle en forma de concentraciones y manifestaciones.