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Crisis del capitalismo neoliberal

Para algunos comentaristas, la crisis actual deja al descubierto los punto débiles del neoliberalisme. Otros consideran que con este tipo de análisis se lanzan pelotas fuera y dicen que se debería hablar, sin tapujos, de una crisis sísmica.

Inicialmente soy partidario de los segundos: creo, pues, que es una crisis del sistema capitalista. Ahora bien, no es la del capitalismo "mancheesteriano" o "keynesiano", pongamos por caso. Es, en concreto, la crisis del capitalismo neoliberal, o sea, del tipo de capitalismo hegemónico que hemos sufrido estos últimos años. Y esto le da unos trazos peculiares.

Las causas profundas no se encuentran en las hipotecas subprime ni en la codicia de unos banqueros que perdieron el mundo de vista. Estos acontecimientos son la expresión de unas políticas (reestructuración productiva, libre movilidad de capitales,...) aplicadas en las últimas décadas y detrás de ellas no hay otra cosa que el intento del capital de mejorar beneficios.

Pero la mejora de beneficios no cae del cielo. En el supuesto que nos ocupa, lo han pagado los trabajadores del mundo entero, que han sido puestos en competencia unos contra los otras, han visto reducir el peso de sus salarios dentro de la distribución de rentas y han perdido estabilidad en el empleo.

Esta distribución más injusta de rentas ha favorecido las del capital. Una parte de estas rentas engordadas, no se han destinado a la reinversión productiva. Han “quedado libres” y han servido para especular y obtener substanciosos beneficios complementarios. Lo que ocurre es que muchos de estos beneficios no tenían base económica real. La ficción ha quedado al descubierto, por una parte, al hundirse en los EE.UU los precios de las viviendas y por la otra, con la insolvencia de sociedades especializadas en financiar la actividad inmobiliaria y/o especulativa.

Los platos rotos podrían haberlos pagado aquellos a los que se han transmitido los activos sobrevalorados. Esta hubiera sido la solución aplicada si unicamente se hubiera tratado de personas modestas. Esto no ha sido posible del todo dado el alto nivel de contaminación de las entidad financieras. Ahora, una parte de estos platos rotos los repondrán los Estados. También habrán de reparar otros desbrajustes. Si no lo hacen, se corre peligro de parálisis en todo el sistema de crédito. De este modo, la fiesta la pagaremos entre todos.

A medida que el río de la pólvora de la crisis se expande, no queman únicamente las “malezas” que ha hecho crecer la especulación. También prende una parte del “ trigo maduro”, o sea, de actividades económicas inicialmente bien encarriladas. Con las políticas neoliberales, muchos capitales especulativos se han engrosado y continúan especulando (con petróleo, con alimentos y con otros activos).

Como que negar la crisis es de estúpidos, casi todo el mundo reconoce que se necesitan soluciones globales y contempla que algo se deberá regular ; pero, al mismo tiempo, cada país intenta sacar su leña del fuego y salvar los muebles.

El episodio más sonado de salvamento de muebles, hasta el momento, ha sido la nacionalización de bancos en quiebra. Los gobiernos la contemplan como un paréntesis. La intención es revenderlos en amainar la tormenta. Esta medida es un parche. Si no se da continuidad a la nacionalización, los bancos ya saben que a partir de ahora serán salvados si tienen dificultades. Entonces, ¿por qué no arriesgarse otra vez?

Necesitamos bancos que permitan transitar hacia otro modelo de desarrollo, que den prioridad a la financiación de inversiones creadoras de puestos de trabajo y respetuosas con la naturaleza. Los bancos dominados por la lógica del beneficio fácil y máximo no satisfacen esta necesidad. Esto también es válido para el Estado español, dónde según el Presidente del Gobierno tenemos el mejor sistema financiero del mundo mundial. En medio de tanta “excelencia”, una parte de los bancos españoles miran hacia otra parte a ver “qué pescan” o si “son pescados”. Por el contrario, la población encuentra dificultades para acceder a las fuentes de financiación que solicita. La posibilidad de nacionalitzar “bancos saneados” no se puede descartar.

Paralelamente es urgente reforzar las reglas y los controles aplicables al conjunto de los banco y actores financieros, privados y públicos. Esto implica una modificación de la política llevada a cabo en el marco de la Unión europea que ha dado prioridad absoluta a la liberalización de los sistemas financieros.

El BCE también debe cambiar. No podemos permitir que siempre se acabe dando la culpa a los salarios porque no son responsables de la actual inflación. Los auténticos responsables son las conductas especulativas y el incremento del beneficio empresarial.

La ruptura con el neoliberalisme debe ser radical. Los cambios no pueden venir de la mano del G7, comprometido a fondo con el caos que sufrimos. La canción de la autoregulació ha de acabar. La regulación no puede ser superficial. Se debe llevar a cabo desde los Estados nacionales, desde la Unión Europea y desde la ONU.

Nota.- Este artículo ha sido redactado para la revista "Avant", que publica el PCC. Quiero darless las gracias por haber pensado en mí y ofrecerme la posibilidad de opinar sobre la crisis.