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La crisis económica y el conflicto social

La crisis actual no es únicamente una crisis financiera. Combina diferentes elementos (sociales, alimentarios, energéticos, ambientales,...) que debemos tomarlos como un conjunto de aspectos vinculados entre ellos. Sólo de este modo podremos entenderla en su totalidad.

En la base encontramos muchas transformaciones de la estructura social y de la arquitectura financiera que han prosperado durante las últimas décadas.

Precisamente por esto esta crisis tiene la particularidad de ser la primera gran crisis económica significativa y de alcance mundial de l’época de la globalización neoliberal.

LAS TRANSFORMACIONES SOCIALES

En el primer grupo de las transformaciones hace falta incluir el deterioro de las condiciones laborales. Esto ha generado una distribución más injusta de las rentas, en detrimento de las rentas del trabajo.

El incremento de las rentas del capital, a través de sus diferentes formas, ha permitido alimentar los capitales especulativos.

La globalización neoliberal ha obligado a los campesinos mas vulnerables, sobre todo los países empobrecidos, a sustituir sus cultivos y alimentos básicos por otros cultivos destinados a la exportación.

Hoy, pueblos enteros se ven condenados al hambre como consecuencia de las maniobras especulativas y de las políticas de las multinacionales, que controlan los procesos de distribución.

LA TRANSFORMACIÓN DE LA ARQUITECTURA FINANCIERA

El segundo grupo de transformaciones incluye, entre otros acontecimientos, la concentración desmesurada de poder en manos de instituciones y entidades financieras.

La posibilidad de crear nuevos productos financieros cada vez más complejos y sofisticados aprovechando la innovación tecnológica y la carencia de regulación ha permitido escalar peldaños cada vez más altos y peligrosos en la carrera especulativa.

LA COBERTURA DEL DISCURSO IDEOLÓGICO NEOLIBERAL

Estas transformaciones han progresado de la mano de un discurso ideológico que se ha instalado en los medios de comunicación y en algunos ambientes académicos, y que ha condicionado las actuaciones de los partidos políticos mayoritarios y de los gobiernos.

Se ha avalado la idea errónea que la desregulación era necesaria y beneficiosa y se ha intentado hacer creer que el dinero desvinculado de la esfera de la producción y de la actividad laboral podían crear, de forma autónoma, más dinero.

LOS PRIMEROS EFECTOS VISIBLES DE LA CRISIS

Ahora la crisis ya se manifiesta de manera abierta: las bolsas viven jornadas de pánico, algunas de las grandes entidades financieras acumulan pérdidas multimillonarias a consecuencia de su actividad especulativa desenfrenada..., y una parte de los depósitos de los bancos se tambalean.

Al lado de estos acontecimientos que nos pueden parecer lejanos, hay otros que perjudican de forma directa y latente a las clases trabajadoras, fruto de las debilidades de nuestro modelo productivo que ha ido creciente en los últimos años y que nos hace muy vulnerables ante la crisis. Pensamos en la disminución del empleo, el incremento de los precios, la subida de los tipos de interés de las hipotecas y de otros créditos de interés variable, o la congelación de crédito nuevo a personas y empresas.

UN NEOLIBERALISME A LA DEFENSIVA?

A consecuencia del daño que la crisis ha general y del que generara próximamente, el neoliberalisme se ha situado en una posición aparentemente defensiva.

La canción de la no intervención desafina. Ahora los Estados intervienen aportando fondos limpios a los bancos, adquiriendo una parte de los productos financieros contaminados o de difícil liquidez y nacionalizando los bancos con más problemas.

Todo esto no nos debe hacer creer que el neoliberalisme está hundido.

No nos puede pasar por alto que el nivel actual de intervención del Estado, junto con el de los bancos centrales, puede acabar apuntalant una distribución de la riqueza que ha demostrado ser profundamente injusta y desigual.

Las nacionalizaciones llevadas a cabo son parciales y temporales. De hecho, se debería hablar de una privatización de fondos públicos. Si no lo impedimos, durarán el tiempo que los bancos necesitan para reestructurarse, reflotar y restaurar beneficios. Después volverán al sector privado.

CRISIS Y REIVINDICACIÓN LABORAL

Si la clase obrera no interviene de manera activa y eficiente, el capital reorganizará de nuevo las cosas a su manera. Las clases dominantes harán todo el que esté a su alcance por desplazar los efectos de la crisis sobre las clases trabajadoras.

Por esto formulamos las seis propuestas siguientes:

1. Distribución más equitativa de la riqueza. Los trabajadores no se deben ver sometidos a un nuevo deterioro de su situación para que los opulents puedan seguir distribuyendo buenos beneficios. El mantenimiento y mejora del poder adquisitivo y las cláusulas de revisión salarial deben ser considerados como medidas de emergencia.

2. Creación de un sector financiero público. El dinero procedente de los diversos rincones del planeta no se ha de utilizar como si no hubiera pasado nada. Sería demasiado fácil para los bancos y otras instituciones financieras, el hecho que los Estados se hicieran cargo de sus pérdidas cuando tienen dificultades, mientras que los que disponen de una situación más o menos saneada pueden continuar disfrutando de sus beneficios y, al contrario, ir de compras.

3. Ordenación de la actividad económica y financiera. La canción de la autoregulació se ha de acabar. La regulación no puede ser superficial. Se debe llevar a cabo desde los Estados nacionales, desde la Unión Europea y desde Ia ONU. Esto ha de ir unido a la idea del control democrático. Los trabajadores deben tener herramientas por poder averiguar dónde va a parar el diner público y para conocer cómo se genera y cómo se distribuye el valor añadido de las empresas. Se debe poner freno a los movimientos de capitales y a los mecanismos financieros que han demostrado ser nocivos, tales como los procedimientos opacos y los mercados de derivados. Los paraísos fiscales se deben cerrar.

4.Un sistema productivo mas racional, por un lado, que aumente la productividad, no por la intensificación del trabajo, sino mediante la reducción de trabajo socialmente innecesario, e invirtiendo en investigación, innovación y formación, y, por otro lado, que sea capaz de reducir el consumo de los productos nocivos para el medio ambiente y de fomentar las energías renovables. Esto permitiría disponer de más tiempo libre, de más y mejores servicios públicos y de mejor poder adquisitivo individual.

5. Fortalecimiento del Estado del bienestar. Se deben recuperar las políticas fiscales progresivas y garantizar un nivel de protección social amplio y que a la vez permita socorrer aquellos sectores más vulnerables y mejorar las políticas publicas.

6. Modificar el actual modelo de globalización neoliberal sin reglas y sin derechos con el fin de garantizar el trabajo decente, el desarrollo sostenible y la universalización de los principios y derechos fundamentales del trabajo. El comercio internacional puede tener un papel positivo. Pero no debe ser un fin en sí mismo, sino un sistema de intercambio justo que ayude a erradicar las desigualdades y la pobreza.