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¿Curar o infectar las heridas?

Las derechas y todos los que las rodean, no dejan de proponer una reforma laboral como solución milagrosa.


Parece que quieran hacernos creer que el paro no es otra cosa que un síntoma de una misteriosa crisis financiera y que este síntoma se podría suavizar dando más poder a los empresarios al contratar y explotar a los trabajadores.


En cambio, de momento prácticamente nadie contempla la posibilidad de una reforma que reduzca el tiempo de trabajo, mejore el salario, amplíe los derechos laborales y dé más poder a las organizaciones de los trabajadores dentro de las empresas.


De hecho, estas últimas medidas serian las más adecuadas ya que el paro y la crisis económica actual son dos fenómenos que se han ido alimentando mutuamente durante el periodo de gestación y estallido de la crisis y continúan haciéndolo actualmente.


Si hacemos un análisis retrospectivo nos daremos cuenta que las economías industriales durante los últimos 30 años no han sabido ajustar la duración de la jornada de trabajo a las nuevas realidades:


En este periodo de tiempo el número de horas trabajadas por persona ocupada prácticamente se ha mantenido; en cambio la productividad del trabajo se ha duplicado.


El ajuste entre productividad y horas trabajadas se ha producido a nivel individual en lugar de hacerse de manera colectiva. Es decir, ha crecido el paro y la subocupación a expensas de la proliferación del trabajo a tiempo parcial y de los contratos eventuales. Esta creciente de la precariedad laboral ha actuado como una losa sobre los salarios y ha obligado a muchas personas trabajadoras a endeudarse.


La situación hubiera sido otra si los trabajadores se hubieran beneficiado de las ganancias de productividad de los últimos 30 años a través de la reducción del tiempo de trabajo y del incremento del salario por hora trabajada. Este es precisamente el ajuste que permitiría curar las heridas.


Pero desgraciadamente, sugerir esto hoy en día es un tabú. Resulta más fácil recrearse en las cifras de paro para justificar a continuación cualquiera tipo de propuesta atribuyéndole facultades curativas cuanto en realidad lo único que harían sería infectar más las heridas.