Parece que estemos ante un espejismo. Los Estados europeos en cordinación con el Banco Central Europeo (que se suponía que actuaba de manera totalmente independiente del poder político) han decidido, finalmente, poner sobre la mesa 60.000.000.000 € y dotar, a la vez, un fondo de estabilización con la cuantía astronómica de 440.000.000.000 €. Se trata de una decisión de envergadura que deja al descubierto la magnitud económica de los problemas de liquidez y de solvencia que afronta la zona euro.
Esta decisión supera el umbral de las políticas que la Unión Europea ha ido conformando durante los últimos años y, por tanto, comportan un cambio de reglas.
Recordemos, en primer lugar, que el Tratado de Lisboa prohíbe la actuación colectiva para ayudar a un país miembro en dificultades financieras. En esta ocasión, en cambio, se acepta incluso emitir bonos garantizados de forma conjunta por los Estados europeos en el caso de que sea necesario socorrer a algún país con problemas de financiación de su deuda pública.
Como que esto puede ser insuficiente para tranquilizar a los inversores, el Banco Central Europeo - pasándose por la entrepierna los dogmas que ha defendido desde su fundación- dice que ahora ya está dispuesto a comprar, si es necesario, títulos de deuda pública. De esta manera el Banco Central contempla la posibilidad de crear dinero en abundancia lo que equivale a abandonar la idea, omnipresente en los últimos años, de centrarse únicamente en el control de la inflación. Además, el BCE también dice que prestará a los bancos europeos todo el dinero que necesiten.
Las medidas heterodoxas vienen acompañadas por otras de carácter ortodoxo, entre las que ocupa un lugar destacado la exigencia de austeridad fiscal. La austeridad obligará a todos a reducir la marcha en el mismo momento y eso ralentizará el crecimiento económico de manera generalizada. Por otra parte, se sitúa arbitrariamente un umbral en los niveles de endeudamiento, idéntico para todos, lo que no deja de ser una medida sin sentido económico que limitará la autonomía y la capacidad de crecimiento de cada uno de los Estados.
Las medidas heterodoxas de este plan significan un paso cualitativo aunque llegan tarde. Han permitido suministrar en dosis altas la medicina para que desaparezca la fiebre y el dolor de cabeza del paciente. Pero, conociendo los precedentes, no hay ninguna garantía de que a partir de ahora la Unión Europea tenga capacidad de actual rápidamente ante las dificultades económicas que seguramente vendrán próximamente.
Las medidas ortodoxas tendrán impacto en la lucha de clases. Habrá que decidir qué clase social soportará el impacto fiscal y a cuál perjudicará la disminución del gasto público.