China se ha convertido en una gran potencia económica mundial, y esto le ha permitido sacar a millones de personas de la pobreza severa. Pero esta transformación ha tenido un coste social elevado, ha fomentado la corrupción y ha dado lugar a una minoría muy rica.
Ahora los obreros chinos han decidido movilizarse contra la explotación desenfrenada de las multinacionales, sobre todo en las empresas de tecnología punta vinculadas a la cadena mundial de producción.
Las huelgas se han llevado a cabo desde fuera de las estructuras sindicales oficiales y ya han arrancado aumentos salariales espectaculares.
La actividad de los huelguistas se beneficia de la política de hijo único aplicada durante las últimas décadas y de las mejoras de vida en el campo. Ambos acontecimientos han reducido el peso del ejército industrial de reserva.
Hasta ahora, las autoridades chinas han adoptado una actitud complaciente y esto ha sorprendido a las grandes empresas multinacionales y a los medios de comunicación convencionales. La actitud gubernamental tiene una doble explicación: En primer lugar, la presión para mejorar los salarios concuerda con el cambio de las políticas del gobierno que ha apostado por favorecer el consumo interno. En segundo lugar, el éxito de las huelgas ayudaría a reducir las desigualdades sociales que, como hemos dicho más arriba, han crecido conforme China se iba industrializando y se han convirtiendo en una amenaza para las autoridades chinas.
La prensa occidental se ha dedicado durante años a expresar su entusiasmo por las privatizaciones y la apertura económica de China con el fin de hacer creer que los éxitos se debían a la aplicación de políticas neoliberales. Por otra parte, la precariedad de las condiciones laborales de los asalariados chinos en las empresas multinacionales y en su cadena de suministros se ha utilizado de palanca para empujar hacia abajo los salarios de los trabajadores en otras partes del mundo.
Pero la mayor parte de la economía china se mantiene bajo control público y esto también ocurre con su sector financiero lo cual, hasta ahora, le ha permitido torear la crisis económica internacional en condiciones más favorables que las del resto de los países industrializados. Es normal, pues, que ahora los trabajadores chinos intenten sacar tajada de esta situación.
Estas huelgas están causante preocupación en los círculos financieros internacionales. Los trabajadores de todo el mundo, en cambio, debemos obsevarlas con simpatía.