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¿Crisis de la economía de casino?

A menudo se compara la economía actual con un casino, pero esto no es correcto. Los casinos suelen estar regulados por el Estado. Todos los jugadores tienen alguna posibilidad de ganar aunque estas posibilidades son limitadas y dependen del azar. Pero en el juego siempre hay quien gana y quien pierde.

Los que juegan cantidades altas son los que tienen más posibilidades de ganar y a la vez son los que corren más riesgo y los que más pueden perder. En cambio, la situación es totalmente inversa para los que se limitan a apostar pequeñas cantidades.

En los casinos, quienes acostumbra a estar en una situación más favorable es la banca, aún así, su papel está muy acotado. A la banca también le corresponde la función de ordenar el juego.

Es verdad que hay casinos que no funcionan correctamente al no respetar la regulación existente y hacer trampa. En estos casos los que juegan con las cartas marcadas y los que tienen más poder y más información ganan con más facilidad; al resto le toca mayoritariamente las de perder. Pero estos lugares de hecho no son casinos de verdad sino que son empresas en manos de mafiosos o delincuentes.

A diferencia de lo que ocurre en los casinos, en la economía actual la banca disfruta de unas condiciones que inicialmente le permiten ganar siempre. Tiene mucho poder e información y cuenta con una multitud de recursos para atrapar a la gente. Dispone, además, de potentes equipos de asesores.

Cuando un cliente se acerca al banco, una parte de los asesores se dedica a averiguar cómo han de atenderse sus demandas para garantizar que el banco logre unos buenos honorarios y esté en las mejores condiciones para imponer sanciones al cliente si se llegara al caso que este incumpliera las condiciones pactadas. Otra parte de los asesores intenta encontrar mecanismos de seguridad que permitan sortear todas las dificultades en el supuesto de que el cliente al final sea insolvente. Ahora bien, la conducta económica del sistema capitalista es mucho más imprevisible que la de los casinos y la incertidumbre con la cual actúan los bancos es más elevada. Por esta razón, las proyecciones estadísticas de los bancos, a veces yerran. Pero si las cosas salen mal, el banco sabe que los poderes públicos emprenderán planes de rescate.

Como se puede ver, los bancos y los casinos tienen poco en común. Tan sólo existe una cierta similitud entre los bancos actuales y los casinos que se sitúan al margen de la ley y que se encuentran en manos de bandas de mafiosos o de otro tipo de delincuentes.

Pero incluso en este último caso, resulta poco ilustrativo comparar la economía actual con un casino puesto que con este tipo de comparaciones se olvida que nuestro sistema económico no funciona exclusivamente a través de los bancos sino que lo hace a través de una producción de mercancías que se lleva a cabo en un sistema de explotación de las clases trabajadores. Y esta explotación, que se materializa en la esfera de la producción, no tiene nada a ver con lo que ocurre en el interior de los casinos. Os lo puedo asegurar.