Los apóstoles del neoliberalisme no se cansan de decirnos que los altos índices de paro en España son el resultado de "las rigideces" en el mercado de trabajo heredadas del franquismo . Sin embargo, las características de los empleos actuales tienen poco que ver con las de hace veinte o treinta años.
De hecho, los nuevos estándares de empleo no se han generado por "las rigideces del mercado de trabajo", sino que se han abierto camino con la incorporación -a través de formas de contratación precarias- de nueces y "viejos" colectivos (mujeres, jóvenes, personas de origen inmigrante, víctimas de las reconversiones industriales..) . Estos estándares, que ahora ya representan la mayoría de la fuerza laboral, han operado como los grandes vectores de las mutaciones del mercado de trabajo dándole su configuración actual.
Durante los últimos años, la actuación del movimiento sindica no ha podido frenar el crecimiento de la precariedad y la inseguridad laboral y se ha visto obligado a utilizar una gran parte de sus fuerzas para mejorar los puestos de trabajo precarios incorporando mecanismos que permitan transformarlos en ocupación más establo y con más derechos.
Esto no ha evitado que desde la prensa oficial se presentara a los sindicatos como organizaciones más preocupadas por los intereses de sus miembros que por el interés del conjunto de los trabajadores. Se olvida así, que para poder defender estos interés del conjunto, los sindicatos se suelen apoyar en dos grandes pilares: la legislación laboral y la negociación col?lectiva.
Curiosamente, los que más hablan de las rigideces y de la " dualidad " del mercado de trabajo, lo único que sugieren es agrietar estos dos pilares. Y esto último es precisamente el que se ha hecho con la última reforma laboral y lo que la derecha sugiere continuar haciendo en un futuro.