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No permitamos que se nos humille en el trabajo. ¡Es la hora de la huelga general!

La huelga general no tiene que ser una guerra de números que dé lugar a un debate absurdo en los medios de comunicación. Se trata de expresar el descontento con las políticas neoliberales que han prosperado en las últimas décadas. La gente tiene que salir a la calle, en primer lugar, para dar la vuelta al recorte en el derecho laboral y para evitar que prosperen las reformas antisociales anunciadas. En segundo lugar, tiene que hacerlo para exigir un cambio en la política económica y laboral, lo cual comporta una recuperación nítida del principio de causalidad en la contratación, una ampliación del derecho laboral y sindical y un mayor desarrollo de las políticas de bienestar social. El contexto general incorpora muchas adversidades, derivadas de la situación de crisis económica, de la correlación política desfavorable y del tatcherismo brutal en los medios de comunicación mayoritarios. Dada la magnitud de los acontecimientos que en este conflicto se ventilan, ésta será una lucha dura, arriesgada y prolongada. Por eso, ahora, lo que nos hace falta es, sobre todo, valentía y determinación. Si la protesta es masiva, el gobierno se verá obligado a modificar su conducta, caracterizada por el autismo y el despotismo a la hora de respetar las demandas de los de abajo y por la complicidad y la sumisión hacia los intereses de los poderosos. Es mucho y muy importante lo que ahora está en juego. Hay que salir a la calle, unidos, orgullosos de nuestra condición de trabajadores, con la cabeza bien alta, dispuestos a dar la cara y comprometidos a fondo con la lucha. No permitamos que se nos humille en el trabajo. ¡Es la hora de la huelga general!