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La visión metafísica sobre el final de la crisis

Una gran parte de los medios de comunicación insisten que la recesión ha acabado y que ya hemos entrado en la etapa de recuperación.

De hecho, según la versión oficial, la recuperación empezó hace más de un año, en concreto en junio de 2009.

Pero mucha gente no entiende esta visión tan optimista, sobre todo si se tienen en cuenta los altos índices de paro, las ejecuciones hipotecarias continuadas, el debilitamiento de los salarios,… o las restricciones presupuestarias.

Esta disparidad entre la opinión oficial y la realidad que percibe la gente es debida a la confusión alrededor de las definiciones y los conceptos utilizados de manera estricta por parte de la economía convencional que juzga la marcha de la situación únicamente en función de la evolución del PIB.

Aun así, si pensamos en el momento inicial de la recesión, nos daremos cuenta del absurdo que resulta mantener esta visión tan restrictiva.

Cómo ya expliqué poco tiempo después de que estallara la burbuja hipotecaria, no existe una definición compartida y a la cual podamos atribuir una validez científica sobre que se entiende por recesión. Pero, en este terreno, al menos contamos con algunos esbozos que permiten saber más o menos de que se está hablando en función de la escuela económica a la cual cada uno de nosotros pertenece. En cambio, es mucho más difícil encontrar una definición sobre lo que entendemos por recuperación.

Ante este déficit, la mayoría de los economistas convencionales asocian el concepto recuperación a aquellas situaciones en las cuales lo que sucede ya no puede asociarse mecánicamente a lo que ellos consideran que reúne todos los atributos de una recesión.

Por esta razón, como que desde junio de 2009 ya no se viene produciendo a nivel mundial una disminución continuada del PIB, algunos, por defecto, declaran alegremente que hemos entrado en el estadio de la recuperación sin aclararnos que es lo que realmente se recupera.

Los economistas convencionales hablan de recuperación cuando la economía crece, incluso si el punto de partida que se utiliza para medir este crecimiento es mucho más bajo que el de hace unos años. Algunos, incluso, llegan a utilizar este concepto cuando únicamente se ha dejado de decrecer, ya que, de hecho, ni siquiera cuentan con una palabra para referirse a una economía que está estacionada o que parece que de momento no vaya en ninguna parte. Sólo aceptan la palabra recesión, cuánto todo va cada vez peor, es decir, si la cosa está bajando. Todas las otras situaciones, sean las que sean, corresponden a la recuperación.

Probablemente, ahora lo mejor sería reconocer que la economía ha caído y que de momento le cuesta levantarse con la fuerza necesaria para poder salir del punto decadente al cual ha llegado.

Pero esto, nuestros economistas convencionales, sumergidos en su visión metafísica de la realidad, no saben como definirlo. Para ellos las cosas o son buenas o son malas, o son blancas o son negras, o todos moros o todos cristianos…, o hay recesión o, en caso contrario, ya hay recuperación. Ellos son así, y no tienen ganas de complicarse la vida.

El 1934 Albert Prèjean cantaba alegremente en Francia una canción titulada "La Crise est finie". Oficialmente la crisis de 1929 se acabó en el año 1933 y por lo tanto la canción no hacía otra cosa que reproducir el mensaje oficial. Aun así, los años posteriores a 1933 fueron de una gran dureza y dramatismo. De hecho, la crisis del año 29 no se superó definitivamente hasta después de la Segunda Guerra Mundial.

Dejemos que ahora nuestros economistas convencionales nos canten de nuevo "La crisis est finie" pero no nos dejamos seducir por su estribillo y prestamos atención a los acontecimientos que seguramente todavía nos tienen guardados más de una sorpresa.