Saturday

REACCIÓN, FASCISMO Y HUELGA GENERAL

Una de las realidades desagradable de la última huelga general ha sido la actividad beligerante en contra de los huelguistas, protagonizada por determinados sectores sociales minoritarios. Eso, afortunadamente, no ha podido esconder el carácter masivo de la protesta obrera.

Cómo ya ocurrió con el fascismo, la actitud reaccionaria en contra de las luchas obreras en curso, y más aún cuando éstas se polarizan, responde a los intereses de la gran burguesía.

Estas actitudes reaccionarías acostumbran a argumentarse a través de una serie de consignas que defienden el orden establecido, que intentan crear una situación de miedo entre la población y que criminalizan a los protagonistas de la lucha, sobre todo a los que se ponen al frente. La huelga general del 29-S no ha sido una excepción sino una nueva constatación de este fenómeno.

Ahora bien, en el momento concreto de la lucha, la actividad reaccionaria se lleva a cabo directamente a través de la conducta agresiva de determinados sectores de la pequeña burguesía, de una parte del personal directivo de las empresas, de miembros de los aparatos del Estado e incluso, de los sectores más retrasados de la propia clase obrera.

Evidentemente, a pesar de los paralelismos existentes, la situación actual no es del todo asimilable a la del fascismo, ya que aquél fue capaz de organizar de manera permanente y estable a todos estos sectores a través de asociaciones tanto de tipo político como de otro tipo - incluidos los grupos militares- con la finalidad de derrotar a la clases obrera y de conseguir el control del Estado.

Ahora, en cambio, a estos sectores sociales se los adoctrina y se los pone en movimiento, o bien utilizando los medios de comunicación, o bien con la actividad propagandista de los partidos de derechas que todavía mantienen un barniz democrático, o bien a través de un grupo reducido de personajes que llevan a cabo una actividad reaccionaria de tipo militante, o bien con todas estas cosas al mismo tiempo.

Sin embargo, no tendríamos que descartar la posibilidad de que se quiera dar continuidad a esta situación mediante una pluralidad de organizaciones vinculadas a los problemas inmediatos (asociaciones de autónomos, sindicatos corporativos, agrupaciones de pequeños comerciantes...) y controladas directamente por personal afín a los partidos derechistas. De hecho, durante el transcurso de la huelga general hemos podido constatar algunos fenómenos sospechosos.

La situación se agrava al coincidir con tres realidades que si no se afrontan adecuadamente pueden estimular las conductas reaccionarías.

La primera se desprende del contexto actual de crisis económica donde dada la falta de conocimiento general sobre las verdaderas causas que lo han provocado conduce mucha gente a buscar falsos culpables.

La segunda es la actitud reciente de la socialdemocracia que da más alas a la reacción e incrementa la confusión general.

Y la tercero son las conductas de tipo racista encaminadas sobre todo a mover a estos mismos sectores sociales, de momento con finalidades electorales.

Parece pues, que ha llegado la hora de tomar conciencia que éste no es, ni mucho menos, un problema menor. Ahora bien, en todo caso, eso no quiere decir que a partir de ahora hay que focalizar la actividad política entorno a este fenómeno reaccionario. No tenemos que angustiarnos. Se trata únicamente de tenerlo presente e incorporarlo en el análisis concreto de cada una de las coyunturas a las que a partir de ahora nos veremos obligados a hacer frente.