La existencia de grandes desigualdades en la distribución del ingreso y la riqueza y los vínculos entre estas desigualdades y la crisis en curso, cada vez son más evidentes. Incluso economistas vinculados al Fondo Monetario Internacional hacen menciónde ello.
Sin embargo existen puntos de vista encontrados cuando se analizan los motivos y las consecuencias de las desigualdades
Para unos, la desigualdad proviene básicamente de las diferencias de ingresos entre trabajadores con educación universitaria y el resto, que al tener menos habilidades quedan relegados. Se añade, además, que fue este sector menos afortunado de la población el que se endeudó y que este endeudamiento nos condujo a la burbuja inmobiliaria que finalmente estalló y ocasionó la crisis. Es, en resumen, una visión muy peculiar que responsabiliza a las personas con bajos ingresos de sus propios males y de los males de los demás. Si aceptamos esta visión, la solución del problema se reduciría a adecuar las capacidades de los trabajadores con bajos salarios a las necesidades que comporta el cambio tecnológico y a rectificar las políticas equivocadas que no permiten que la gente cuente con una formación adecuada a la realidad productiva que se nos viene encima.
Para otro grupo de economistas, las causas de la desigualdad están situadas en un estrato más alto y se fijan en el crecimiento exagerado de los ingresos del 1 por ciento o del 0,1 por ciento que acaparar las mejores remuneraciones. Entre esta parte superior se encuentran una gran parte de los políticos (que son precisamente los que han desregulado los mercados financieros) y los directivos de las grandes multinacionales y de los bancos más importantes. El problema, desde esta perspectiva, es la financiación de las campañas electorales y la falta de voluntad política.
En ambas concepciones, la política ocupa un lugar central. Pero para la primera las políticas deben ser capaces de responder al cambio tecnológica y debemos lograr que los trabajadores con inferior retribución salarial y los desempleados "espavilen". Para la segunda visión, en cambio, lo que hace falta es un cambio institucional.
Sin embargo, en ambas historias se olvida analizar como en las últimas décadas se ha llevado a cabo la extracción de plusvalía. Es verdad que el nivel de los salarios y los beneficios empresariales se ven afectados tanto por la tecnología como por la política. Pero también es necesario investigar como la relación cambiante de los salarios y el excedente afecta a los cambios tecnológicos, a las decisiones políticas, a las inversiones financieras y a las maniobras especulativas. Esta visión nos lleva necesariamente a contemplar en su conjunto las políticas neoliberales que se empezaron a poner en marcha desde mediados de la década de 1970 y que han sido la espoleta de la crisis en curso.
Pero un análisis de estas características sólo lo llevan a cabo un grupo reducido de economistas, generalmente vinculados con el marxismo. El resto no dispone de los conceptos ni de la visión clasista para hacerlo. Han reconocido tarde la importancia de la desigualdad. Pero no quieren entrar en el análisis de sus causas y de sus consecuencias. Se quedan a medio camino y esto les permito seguir insistiendo en la necesidad de mejorar “la formación” y llevar “a cabo las reformas estructurales necesarias” mientras mantienen el edificio neolibral en pie e incluso lo refuerzan.