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Conflicto laboral con reivindicación xenófoba

Un grupo numeroso de trabajadores británicos se han lanzado a la huelga porque una parte considerable de una obra muy importante ha sido subcontractada a una empresa italiana que únicamente contrata a trabajadores italianos y en condiciones laborales peores que las de los británicos. La huelga ha contado con la complicidad de miles de trabajadores que se han unido a los huelguistas.

Detrás de todo esto se encuentra la ira de los trabajadores británicos por el uso abusivo de la subcontratación que separa unos trabajadores de los otros y arrincona los acuerdos laborales que establecen las normas que deberían respetarse en la construcción.

La subcontratación, en estas condiciones, es muy beneficiosa para los patrones del país de destino. En primer lugar, se deshacen de la necesidad de captar y contratar a los trabajadores extranjeros pues de esto se encarga el patrón del país de origen. En segundo lugar, pueden inhibirse de toda responsabilidad derivada de accidentes de trabajo o de cualquier incumplimiento laboral, en otras palabras, se externalizan los riesgos. En tercer lugar, obtienen la garantía que una vez finalizada la obra los trabajadores extranjeros serán repatriados al país de origen. Y finalmente, y aquí se encuentra el nudo de la cuestión, les garantiza un suculento ahorro económico.

Que los trabajadores empiecen a tomar medidas directas sobre las características de la ocupación es bueno. Necesitamos una acción sindical capaz de evitar que le crisis dé paso a situaciones de mayor precariedad. Ahora bien, el lema que se ha escogido: "puestos de trabajo británicos para trabajadores británicos ", posibilita que la huelga se presente como si fuera una medida de fuerza en contra de los trabajadores italianos y no en contra de las políticas patronales.

Trabajar lejos de casa no es una cosa nueva en la construcción. Miles de trabajadores británicos están trabajando en diferentes lugares del mundo. También lo hacen miles de trabajadoras españoles. En España, el boom de la construcción permitió utilizar a muchos trabajadoras extranjeros y esto ayudó a los patrones a hacer un buen negocio. Ante estas realidades, la lucha de unos trabajadores en contra los otros no puede ser el camino a seguir.

Los trabajadores italianos no tienen la culpa de la crisis capitalista. Tampoco la tienen los trabajadores británicos. Cerrar el paso a los trabajadores extranjeros no evitará el aumento del paro. Fomentará el racismo y dividirá a la clase trabajadora, fortaleciendo todavía más el poder de los patronos.

No pasarnos por alto que uno de los primeros promotores del lema "puestos de trabajo británicos para trabajadores británicos " fue el mismo Gordon Brown, que lo usó para justificar las expulsiones de trabajadores extranjeros que su gobierno lleva a cabo. La prensa británica de derechas ha derramado mucha tinta para popularizar este lema i otros de similares. Los “populistas” reaccionarios hace tiempos que lo utilizan. Ahora, desgraciadamente, un grupo de trabajadores se han contaminar de esta consigna y la han hecho suya al intentar mejorar la situación laboral.

Cualquier que esté familiarizado con la lucha sindical sabe que en nuestro país tenemos una cierta experiencia en afrontar el tema de la subcontratación. También hemos debatido, en diferentes ocasiones, las consecuencias que una utilización sin controles del trabajo subcontractado puede comportar a nivel europeo. Esta fue justamente una de las principales razones de la fuerte oposición sindical a la Directiva Bolkestein.

Todo esto nos ha ayudado a formular una serie de reivindicaciones, que son totalmente adecuadas para esta y otras situaciones similares:

• Obligatoriedad de respetar íntegramente las condiciones laborales del país de destino.
• Impulsar mecanismos para evitar el trabajo con mano de obra extranjera bajo situación de ilegalidad, y sancionar, con gran dureza, las empresas que sacan tajada de esta situación.
• Vincular el trabajo triangular (subcontratación, ETT...) con el principio de causalidad en la contratación.
• Definir claramente quiénes son los sujetos que pueden ser considerados como empresarios y establecer la responsabilidad social solidaria en toda la cadena de subcontratación.
• Regular el derecho de subrogación en el caso de que la obra o servicio cambie de titularidad empresarial.
• Actualizar los derechos económicos y sociales, asegurando que el movimiento sindical pueda intervenir en todas las nuevas realidades que conforman el mundo del trabajo.
• Regular los procedimientos para hacer posible la negociación colectiva laboral de ámbito europeo, y potenciarla.
• Establecer un salario mínimo de ámbito comunitario.
• Definir también qué es el trabajo por cuenta ajena y qué es el trabajo autónomo, delimitando, en este último supuesto, cuando el autónomo debe ser considerado como dependiente. Garantizar un marco regulador de derechos laborales y sociales, para los autónomos dependientes.

Si los trabajadores británicos en huelga, hicieran suyas estas u otras reivindicaciones similares, podrían ampliar el apoyo. Pero desgraciadamente, no es este el caso. Las demandas actuales de la huelga son lo que son, es decir, son reaccionarías. Confrontan a los trabajadores. La huelga actual con los lemas que utiliza conduce a un callejón sin salida. En el caso de que los huelguistas británicos consiguieran echar a los trabajadores italianos, las consecuencias serían terribles y la extrema derecha encontraría uno filón para enarbolar sus ideas reaccionarías.