Acabar con los paraísos fiscales se ha convertido en una necesidad imperiosa para abordar la crisis económica.
Estos paraísos han permitido todo tipos de excesos y han dado impulso a la desregulació financiera de las últimas décadas.
Es imposible utilizar adecuadamente la palanca de la política fiscal si los privilegiados pueden saltársela a la torera.
Existe una leyenda urbana que lleva a la falsa creencia que luchar contra los paraísos es una quijotada.
No es así:
Los paraísos fiscales sólo pueden existir si las grandes potencias económicas los toleran y si las entidades financieras los utilizan y se aprovechan de ellos .
Es absurdo propugnar un mejor control público sobre el sistema financiero - como por ejemplo se pretende hacer- y permitir a la vez, la existencia de zonas opacas dónde el fraude cabalga sin ningún tipo de riesgo.
La hipocresía ha de acabar.
Los gobiernos europeos ha decidido ayudar a los bancos e instituciones financieras. Esta ayuda debería condicionarse. Exigiendo, en primer lugar la eliminación de cualquier relación directa o indirecta que puedan mantener estos bancos e instituciones financieras con los paraísos fiscales. Y reclamándolos , en segundo lugar, la cooperación para poner al descubierto toda la porquería que en ellos se refugia.
No es una quijotada. Es muy sencillo. Únicamente hace falta coherencia.