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Salarios exiguos vs paro?

El pensamiento económico dominante ha dado categoría de ley a la idea según la cual la desregulació laboral (mal denominada flexibilidad) y la moderación salarial, serian las dos grandes vías para crear ocupación. Es una idea que se inscribe en un largo proceso de empobrecimiento de la reflexión económica y que ahora, aprovechando el incremento del paro, se utiliza para intentar degradar las condiciones de trabajo aún más.

Desregulació laboral, moderación salarial y paro

Paradójicamente, en los últimos años de crecimiento económico, persistió de manera permanente un bolso de desempleados que rondaba los dos millones de personas.

Este bolso de paro, que nos ha dejado en un pésimo punto de partida al estallar la crisis, ha sido una expresión de la rotación laboral generada por las precariedades. Pero el discurso oficial lo esconde. Sostiene, en cambio, sin el menor asomo de fundamento, que el paro es el resultado de unas remuneraciones salariales y de unas cotizaciones sociales “demasiado elevadas”.

Según este axioma, la moderación salarial y la desregulació laboral que la anima podrían permitir crear más empleo, 1) o bien mejorando la competitividad, 2) o bien favoreciendo el uso del “factor trabajo” en lugar del “factor capital”. Nos proponen fomentar la competitividad a través de la disminución del costes salariales y en menoscabo de la inversión y de la innovación, y por lo tanto, situando en segundo término la productividad del “factor trabajo”.

Moderación salarial y competitividad

La moderación salarial que proponen los empresarios podría tener un efecto positivo si se aplicara sólo en un único estado. Ahora bien, si lo hacen también los demás, se transforma en una lucha desmesurada de unos contra los otras. Es el que ha pasado en las últimas décadas y lo que ahora nos reclaman de nuevo, como si fuera una medida necesaria para poder salir de la crisis.

En cuanto a al efecto de la sustitución del “factor trabajo” sobre el “factor capital”, por la vía de los salarios bajos, acostumbra a expresarse de maneras diferentes a como el mensaje oficial insinúa: las empresas amortizan los activos inmovilizados con el fin de sustituirlos pasados unos años por otros que necesariamente incorporarán la tecnología dominante. De lo contrario no se puede competir. Las empresas también acumulan en forma de reservas una parte de los beneficios. Esta acumulación debería permitirles ampliar el negocio y mejorar la eficiencia productiva.

Lo que en todo caso pueden hacer los salarios bajos es retardar el proceso modernitzador y animar actividades de poco valor añadido. Estas políticas, en vez de propiciar la productividad, la frenan. El empleo que se crea es volátil. Cuando llega una crisis, las consecuencias son catastróficas, tal y como ahora se comprueba en el Estado español.

Moderación salarial, beneficio empresarial y beneficio especulativo

No obstando, debemos tener en cuenta que en los últimos años la innovación y la acumulación de capital no han funcionado exactamente como lo hacían antes. Una parte del beneficio empresarial no se ha reservado: se ha distribuido en forma de dividendos que han servido para especular. El Cash-Flow generado y las facilidades para acceder al crédito barato también han animado la especulación.

Ahora bien, no toda la liquidez ha ido a parar a la inversión productiva y o/a la especulación. Una parte se ha destinado a la reestructuración empresarial y ha comportado muchos despidos. Por lo tanto, no ha servido para crear empleo. Lo ha destruido. Y, sobre todo, ha destruido los de más calidad al subcontractar, externalizar o deslocalitzar fragmentos de la producción.

El rol de la reducción de las cotizaciones sociales

La moderación salarial no es la única fórmula para restringir el coste laboral. También se puede conseguir rebajando las cotizaciones sociales. Ahora se intenta hacer por dos vías:

La primera pretende trasladar mecánicamente al Estado español el denominado “IVA social” que el presidente Sarkozy propugnó en Francia y que desencadenó una fuerte respuesta sindical. Consistiría a incrementar el IVA para destinar la recaudación obtenida a financiar las cotizaciones sociales de las empresas. Este incremento del IVA caería sobre las espaldas de los trabajadores. Degradaría más su situación. También afectaría negativamente al consumo.

La segunda vía se asemeja a la primera, pero es menos transparente. Propone que el estado aporte un parte de las cotizaciones empresariales de las nuevas personas contratadas. A diferencia de la primera, no se especifica de dónde deben salir los recursos para financiarlo. Ya saldrán!

De hecho, esta última vía es la que el Gobierno español ha empezado a materializar al aceptar bonificar las cotizaciones de los nuevos contratos indefinidos con una cuantía equivalente a la suma total de la prestación de desempleo a la que tendrían derecho las personas contrate unos recursos públicos que se hubieran podido destinar a medidas sociales. Por la otra, castigará a los parados procedentes de situaciones laborales precarias y que por lo tanto han generado una prestación de desocupación exigua o nula. También perjudicará los desempleados de larga duración.

Moderación salarial y distribución de la riqueza

La disminución del coste salarial no tiene como objetivo la creación de empleo por mucho que el mensaje oficial lo diga, sino instalar un reparto de la renta más desfavorable para los asalariados.

La distribución cada vez más injusta de la renta -que está prosperando de manera escandalosa desde los años ochenta del siglo XX- ha sido uno de los desencadenantes de la crisis.

En los últimos años, los salarios han aumentado menos que la productividad, aun cuando esta tampoco ha aumentado demasiado, puesto que, como hemos visto más arriba, parte del beneficio empresarial se ha destinado a la especulación. Esto ha significado que la gente no dispusiera de suficiente dinero para comprar la totalidad de los bienes y servicios producidos.

Además, algunos de estos bienes han sufrido unos incrementos desmesurados muy superior al del de los salarios, a consecuencia de la especulación. Pensamos sólo en los precios de la vivienda.

Pero para garantizar que economía continuara funcionando, era necesario estimular la demanda: la producción se debía vender. Hay varias maneras de hacerlo. Una es incrementando el gasto del Estado. La otra, la creación de dinero por parte del banco. La tercera es dar crédito. Esto último fue la opción preferida en aquellos años.

Los salarios no son los causantes de la crisis. Los asalariados han sido víctimas de la carencia de poder adquisitivo motivada por la restricción salarial. El endeudamiento actuó como vía substitutoria.

Moderación y reducción salarial han conformado un elemento persistente en los años de crecimiento económico. Las ganancias de este crecimiento han engordado únicamente las rentas del capital. Parte de las rentas engordadas se han destinado a especular preparando el terreno sobre el cual ha germinado la crisis. Para salir de la crisis es necesario derribar este engranaje perverso. Y una manera de hacerlo es asegurando una distribución de la riqueza más favorable a las rentas del trabajo, incrementando salarios y prestaciones sociales.