Saturday

El altillo de la renta básica y el estado del bienestar

"En el desprecio del pasado está implícita una justificación de la inutilidad en el presente (…)¿Un altillo en un piso bajo es menos altillo que en un décimo piso? Una generación que sólo sabe diseñar altillos se lamenta que las precedentes no hayan ya construido palacios de diez o treinta pisos. Decís que son capaces de construir catedrales, pero no sois ni capaces de construir altillos." Antonio Gramsci.

Últimamente un sector de las personas preocupadas por los problemas sociales apuestan por la implantación del que denominan renta básica (RB), es decir, una cantidad que el Estado debería garantizar a cada ciudadano y que le permitiría cubrir las necesidades fundamentales. Esta propuesta puede tener varias concreciones.

La vía de la mejora de las prestaciones no contributivas.

Una manera de llegar seria construyendo encima de los pisos que conforman el actual sistema de protección social:

1. La reforma del subsidio asistencia de desocupación por convertirlo en un auténtico subsidio de paro al que pudieran acceder todas las personas que, a pesar tener edad y ganas de trabajar, no encuentran trabajo.
2. La mejora de las actuales pensiones no contributivas, especialmente en los casos de invalidez, viudedad y jubilación.
3. La modificación de la ley del Salario mínimo para que pudiera garantizar un ingreso digno.

La financiación de estas presta­ciones asistenciales debería provenir en exclusiva de la recaudación de los impuestos. Recordamos de paso que el sistema impositivo debería ser progresivo. De lo contrario, nos dotaríamos de un mecanismo de solidaridad entre las clases populares, pero en el cual prácticamente no participarían los más opulentos.

Las propuestas académicas de RB

Entre la propuesta que brevemente acabo de exponer y la mayoría de las teorizaciones académicas sobre la renta básica hay una diferencia importante. Mientras que aquellas se decantan por la superación de subsidios y prestaciones que acusan de finalistas, yo me inclino por darles más juego.

De hecho, la mayoría de las propuestas académicas giran alrededor de una idea: que todo el mundo reciba una cantidad fija, tanto si es rico como si se pobre, tanto si está trabajando, como si no. Según sus promotores, para poderla aplicar de forma universal haría falta modificar (o incluso hacer desaparecer) las prestaciones sociales contributivas (pensiones, incapacidad temporal, subsidios de paro, etc.) para poder destinar todos los recursos al pago de la renta básica.

Desde mí punto de vista, resulta una incongruencia desmontar un sistema de prestaciones de la Seguridad Social, que ha sido el fruto de muchas luchas de los trabajadores, para montar otro (un altillo a ras del suelo) desvinculado de las cotizaciones sociales.

La NIT

Entre las variantes académicas de renta básica, se encuentra una (puede ser un buen altillo integrable en las actuales edificaciones) que creo que deberíamos considerar. Se trata de la NIT (impuesto negativo sobre la renta) que, entre otros, elaboró el año 1966 James Tobin. Consistiría en aprovechar la política fiscal introduciendo en ella un sencillo y eficaz mecanismo: sólo pagarían impuestos sobre la renta (cómo pasa ahora) aquellos que superaran los mínimos establecidos los cuales coincidirían con la cuantía de la renta básica. Quienes estuvieran por debajo, recibirían la diferencia hasta completar la cuantía mínima.

Renta mínima - ingresos = X

Esta opción no afectaría para nada a las prestaciones contributivas. La política fiscal y la social estarían estrechamente vinculadas.

Fijémonos que, por una parte, la medida se podría contemplar como una disminución de la carga impositiva que favorecería las rentas más bajas. Por el otro, evitaríamos las acusaciones que la protección social compuerta un exagerado gasto público. De hecho no habría ninguna clase de incremento en el gasto, todo lo contrario: disminuiría el gasto ocasio­nada por las prestaciones asistenciales.

La medida también podría ayudar a mejorar la eficacia recaudadora del Estado: con la implantación de la NIT, la declaración del IRPF pasaría a ser una obligación ineludible de toda la ciudadanía.

Evidentemente el modelo se debería pulir mucho más, pero con las explicaciones dadas hasta aquí, creo que ya se pueden ver claramente cuáles serían sus fundamentos.

Un modelo plural de protección social

La propuesta de Renta básica (la NIT) que hemos evaluado más arriba, es compatible con las reivindicaciones ya existentes y con las conquistas del movimiento obrero provenientes de las luchas del pasado. Todo ello permitiría conformar un estado del bienestar con los siguientes cuatro niveles de protección social que respetarían la edificación que en algunos de los países de la Europa continental hemos ido construyendo a lo largo de los años:

1. La renta básica (NIT) se percibiría a título individual, sin necesidad de haber estado trabajando anteriormente y no estaría sujeta a la aceptación o no aceptación de un trabajo en el futuro. Se financiaría automáticamente a través del propio meca­nismo recaudador de los impuestos.
2. Un nivel universal que, entre otras prestaciones, incluiría la sanidad, la enseñanza, las políticas de apoyo a la familia... Se financiaría mediante impuestos.
3. Un nivel contributivo, obligatorio para las empresas y a favor de sus trabajadores y trabajadoras. Cubriría los subsidios por incapacidad temporal, maternidad y paro, y las pensiones de invalidez, viudedad, orfandad y jubilación. Se financiaría con las cotizaciones sociales. Funcionaría por el sistema de reparto. Sus prestaciones intentarían reproducir rentas equivalentes a los salarios percibidos cuando se está en activo.
4. Un nivel asistencial, que incluiría las prestaciones sociales no contributivas. Las podrían solicitar las personas que, dado el mecanismo de vencimiento a posteriori de la NIT, no pudieran beneficiar­-se inicialmente de la renta básica. Para acceder a ellas haría falta acreditar que en este momento no se tienen ingresos equivalentes a esta renta. Se financiaría mediante partidas que saldrían de los impuestos.

En caso de optar por la vía de ampliar las prestaciones asistenciales que he expuesto en el artículo - vía por la cual por el momento yo me inclino- el modelo sólo tendrías tres niveles: 1) universal, 2) asistencial y 3) contri­butivo. No existiría ninguna prestación con el nombre de renta básica. El ingreso básico estaría entonces garantizado por un mayor peso del nivel asistencial.

El trabajo, fuente de valor

Subrayamos de paso que nada de esto sería posible, sin el trabajo de la gente. Las formas de organización social conocidas hasta ahora han tenido un elemento común: las personas en edad y capacidades por trabajar deben crear la riqueza necesaria para poderse mantener ellas y mantener también a las que no están en condiciones de hacerlo: niños y niñas, enfermos, gente con invalideces, personas mayores. A más, en el actual modelo de sociedad, también deben mantener a las clases dominantes, puesto que estas se apropian de una parte del excedente del producto social.

Pero el trabajo puede tener consecuencias desastrosas. La gente trabajadora está sometida a una serie de riesgos específicos (acci­dentes, enfermedades, desempleo...) que pueden provocarles una imposibilidad de ir a trabajar, lo cual siempre comporta la desaparición de su renta básica: el salario. De hecho, las prestaciones contributivas sirven precisamente para garantizar los ingresos cuando se carece del salario debido a enfermedad, invalidez, maternidad, paro o jubilación. No creéis que una de nuestras prioridades debe ser defender y mejorar estas prestaciones?

Naturalmente, debemos reconocer que las prestaciones contributivas tienen limitaciones (no son ni un palacio ni una catedral). Ahora bien, muchas de estas limitaciones, más que atribuibles al sistema contributivo son causadas por las injusticias sociales existentes y por las barbaridades ocasionadas por la aplicación de los modelos económicos neoliberales. Y se resolverían si acabáramos con la precariedad laborar, consiguiéramos una mayor participación de la mujer en el mercado de trabajo y mejoraran los salarios más bajos.

Se trata de objetivos difíciles, ciertamente, pero para hacerlos realidad ya hay en marcha un movimiento reivindicativo que cuenta con fuertes apoyos sociales.