La abstención ha llegado a un récord histórico. Los conservadores y la extrema derecha avanzan. La Unión Europea continúa perdiendo legitimidad. Una mayoría la percibe únicamente como un instrumento al servicio de los grandes capitalistas.
Las características de la campaña electoral nos alertan de nuevo sobre la capacidad de los medios de comunicación -cada vez más reaccionarios y más controlados por la derecha y por los poderosos- de condicionar la conducta de una parte importante de la población a la hora de emitir el voto.
Los resultados, ponen de manifiesto al mismo tiempo, la dificultad para constituir una alternativa de masas, firme y digna, capaz de hacer frente al belicismo, a la subordinación a los intereses imperialistas de los EE.UU. y a las políticas neoliberales.
Estas elecciones no podían, en mi opinión, ser tratadas por los métodos tradicionales partidistas. Era necesario, ante todo, unir a las fuerzas políticas y sociales que mantienen puntos de coincidencia en la defensa de los intereses de las clases trabajadoras ante la actual crisis económica capitalista, en la lucha por la paz y en la solidaridad internacional. Desgraciadamente, algunas personas y colectivos de izquierdas eligieron el camino inverso.
En estas circunstancias, el único signo de esperanza era la lista conjunta de Izquierda Unida e Iniciativa per Catalunya, que pese a todas las dificultades, ha conseguido mantener sus dos escaños. Estos modestos resultados muestran que todavía existe un lugar para trabajar, desde la vertiente institucional y junto a los movimientos sociales, con el fin de mejorar las condiciones de vida y trabajo de la gente.
La situación para las clases populares es preocupante. Hoy somos testigos de una gran segregación social, una verdadera fractura cívica provocada por la desocupación masiva, el trabajo precario, los guetos en los barrios. La democracia funciona a medias.
Queda mucho por hacer. Debemos persistir en la construcción de propuestas y alternativas unitarias que nos permitan salvar a la izquierda transformadora, responder a las necesidades sociales y a las aspiraciones democráticas de nuestro pueblo y fomentar la convergencia de (y en) las luchas.