Desde hace unos meses, han surgido voces que lamentan que España no tenga moneda propia. Cada vez hay más comentarios que remarcan que en la situación actual sería muy bueno poder devaluar la moneda. Haría que los productos fabricados en España fueran más competitivos en el extranjero y ayudaría a reducir el déficit externo dado que reduciría las importaciones. Pero en el momento preciso en qué se ha iniciado el debate, el euro ha ido perdiendo valor en relación con el dólar, o sea que esta moneda finalmente también se ha devaluado.
Es normal pues que nos preguntamos si esta devaluación acabará teniendo los mismos efectos beneficiosos que por lo visto podrían producirse si todavía dispusiéramos de la peseta y se decidiera devaluarla.
Para responder la pregunta, en primer lugar hace falta recordar que en el terreno de los intercambios comerciales, el efecto de la devaluación del euro será pequeño dado que la mayor parte de las importaciones y exportaciones españolas se producen dentro de la zona euro sin necesidad de recurrir al cambio de moneda. Además , el euro también se utiliza en algunos intercambios comerciales más allá de la zona euro y esto todavía atenuará más el impacto.
Ahora bien, como que las mercancías europeas, dentro y fuera de la zona euro, compiten con las mercancías de otros países que no utilizan nuestra moneda, la devaluación en este terreno sí que puede tener efectos beneficiosos para los países de la zona. El problema, en todo caso, seria aclarar qué países serán los más beneficiados.
La mayor parte de los intercambios comerciales que no se hacen en euros utilizan el dólar. En estos supuestos la devaluación puede favorecer las exportaciones europeas y aquí nos debemos preguntar de nuevo quiénes son los países más bien posicionados para aprovechar esta circunstancia. La situación inversa, por lo tanto, se vivirá con las importaciones, que por el momento constituyen el componente más pesado de la balanza española de intercambios.
Como que a partir de ahora las importaciones con dólares nos saldrán más caras, lo coherente sería que este encarecimiento provocara una disminución de las importaciones. Desgraciadamente existen algunos elementos de cierta importancia que contrarrestan esta tendencia lógica (la dependencia energética, por ejemplo).
Pero el impacto de la devaluación del euro no queda reducido al intercambio de mercancías. No nos debería pasar por alto otro factor muy potente que se verá afectado por la devaluación: España (como la mayor parte des países de la periferia de la Unión europea) es un país cargado de deudas; muchos de los préstamos se deben devolver en dólares y ahora devolverlos saldrá más caro.
Todo indica, pues, que la depreciación del euro acentuará los desequilibrios internos de la Unión Europea. Alemania parece que es el país de la zona que está en mejores condiciones para aprovechar la devaluación e impulsar el comercio exterior dado su potencial exportador. Los impactos negativos, en cambio, se trasladarán a los países más pobres y más endeudados de la Unión europea entre los cuales se encuentra España.