Un nuevo episodio calamitoso de la crisis
Esta "crisis" está entrando en un nuevo episodio calamitoso. Por un lado, se desprecia la democracia y los componentes más básicos de todo lo que hasta ahora han conformado el llamado Estado social. Por otro lado, se da la espalda a las necesidades de la población aboliendo los derechos más elementales.
El capitalismo se nos presenta de nuevo con su cara más horripilante, poniendo por delante, sin ningún tipo de contemplación, los intereses privados de la minoría explotadora obsesionada únicamente por la obtención de beneficios a corto plazo. Las viejas recetas que promueven la lógica neoliberal vuelven con más fuerza para golpear a los débiles.
Los planes de austeridad, el intento de precarizar aún más el mercado de trabajo, las graves amenazas a nuestro régimen de pensiones, el desmantelamiento de los servicios públicos y la criminalización de los parados vuelven a estar en el orden del día.
Si todo esto se consolida, tendrá un impacto brutal en nuestra vida cotidiana.
El fracaso y la traición de la socialdemocracia
Los partidarios de un compromiso con el capitalismo han sido incapaces de transformar significativamente la situación y han acabado prisioneros, una vez más, de la lógica del capital. Basta con recordar que ahora las políticas reaccionarias de "reformas" no son ejecutadas únicamente por gobiernos de derecha, sino también por los socialistas en Grecia, Portugal y España, donde todos obedecen los designios de los poderosos.
La actitud de la socialdemocracia española ha adquirido la dimensión de traición: El PSOE obtuvo parte de sus votos garantizando el respeta por los derechos laboral y comprometiéndose a socorrer a los más débiles. Ahora hace justamente lo contrario.
La actual mayoría parlamentaria ha perdido todo tipo de legitimidad democrática y se está embarcando en una verdadera contraofensiva autoritaria propia de los regímenes más reaccionarios.
La hegemonía reaccionaría
Pero los motivos de preocupación aún van mucho más allá. La población confió, a través de su voto y de forma mayoritaria, en los partidos políticos que ahora encabezan la nueva ofensiva reaccionaria y esto lógicamente conlleva desencanto, fatalismo y confusión.
La hegemonía reaccionaria de los medios de comunicación de masas nunca había sido tan aplastante como es ahora.
Las debilidades de las izquierdas transformadoras
La correlación parlamentaria es manifiestamente desfavorable: El fraccionamiento de la izquierda más consecuente acompañado del engaño de la socialdemocracia y del efecto perverso del sistema electoral dejaron a izquierda Unida - Iniciativa per Catalunya Verds, en la situación parlamentaria más precaria de toda su historia.
Esta debilidad no se ha corregido en los últimos tiempos de crisis económica sino que se ha prolongado poniéndose de relieve en las elecciones europeas.
Los grupos más radicalizados de la izquierda y buena parte de los intelectuales antisistema, se han instalado una vez más en el fraccionalismo y en la crítica despiadada de todo lo que aún permite organizar de una manera más o menos masiva - sindical y políticamente - a las clases trabajadoras. Sus "aportaciones innovadoras" se han limitado a apoyar a la izquierda abertzale o a apuntarse a alguna de las modas que llegaban de París.
La superficialidad en el análisis de la crisis
Hay que reconocer que la crisis económica no siempre ha sido correctamente analizada ni por la izquierda, ni por el movimiento sindical: Se ha recurrido es exceso al fetiche del "nuevo modelo productivo" sin tener en cuenta para nada los verdaderos problemas estructurales que se escondían detrás de la burbuja especulativa.
No se ha puesto el acento en que la crisis internacional hunde raíces en las políticas neoliberales precarizadoras de las condiciones laborales y en el incremento de la esfera financiera.
A menudo, la izquierda más consecuente y el movimiento sindical se han dejado deslumbrar por los economistas del pensamiento convencional (*)ofreciéndoles incluso las tribunas y páginas de los escasos medios con los que se cuenta. Esto ha debilitado el combate contra la hegemonía reaccionaria y ha conducido a los sectores organizados de las clases trabajadoras al vacío. Ahora una parte de estos economistas convencionales supuestamente progresistas justifican, de una u otra manera, la reforma laboral reaccionaría o no se atreven a oponerse a ella.
El asunto es, por tanto, muy serio. Necesitamos levantar una propuesta capaz de hacer revivir la esperanza de los explotados y de hacer frente de manera eficiente y sostenible al orden dominante.
Todos con la huelga general
Pero si queremos encarar el futuro tenemos que dar una respuesta adecuada a la situación presente, conscientes de cuáles son nuestras fuerzas y cuáles las debilidad. Que la movilización sea exitosa ahora depende en gran parte de los apoyos y del éxito de la huelga general. Esta es una batalla decisiva que ha de triunfar.
La huelga general ha de organizarse mayoritariamente en los centros de trabajo y esto únicamente se puede llevar a cabo contando con los sindicatos mayoritarios y con la complicidad de los delegados sindicales.
Paradójicamente, hoy parece que lo más conscientes de esta realidad son las fuerzas reaccionarias. Por esta razón hacen un gran esfuerzo para desprestigiar y aislar a los sindicatos, especialmente a CC.OO que siempre ha sido el principal motor impulsor de las grandes huelgas generales llevadas a cabo en nuestro país.
El pesimismo de la razón, el optimismo de la voluntad
El pesimismo de las masas se encuentra estrechamente ligado a la situación general de nuestro país que acabamos de describir, la situación lo explica, naturalmente, pero no lo justifica.
Lo peor que podría pasar en estos momentos es que las clases trabajadoras cayeran en el fatalismo, o que algunos activistas se inhibieran de este combate tan decisivo escudándose en que los acontecimientos no han transcurrido de acuerdo con una determinada línea de desarrollo que en tal o tal momento ellos ya habían previsto.
Las controversias son legítimas y en muchos casos están más que justificadas, pero lo que ahora hace falta es contribuir al éxito de la huelga general y renovar la confianza en la posibilidad de modificar el curso de los acontecimientos que los poderosos nos quieren imponer.
La contrareforma laboral
El elemento desencadenante de la convocatoria de huelga general es la contrareforma laboral. Una cotrareforma que no hace otra cosa que incrementar el poder de los patronos en el momento de celebrar, modificar o extinguir el contrato de trabajo.
Con esta contrareforma se sube a un escalón aún más alto en el ataque persistente del neoliberlismo contra los derechos más elementales de los trabajadores y se los deja aún más indefensos ante la arbitrariedad patronal. Nos acercamos peligrosamente a una especie de régimen pseudofascista en el interior de las empresas.
Pero la capacidad dañina del gobierno no se agota con la reforma laboral. Probablemente en el curso de preparación y celebración de la huelga General nos encontraremos con nuevas agresiones entre las que puede ocupar un lugar destacado la reforma regresiva de nuestro sistema público de seguridad social.
El proceso reaccionario al que estamos asistiendo deja al descubierto que los empresarios sólo están dispuestos a remunerar a los trabajadores, y tan poco como sea posible, cuando hay garantías de que les podrán arrancar plusvalía, es decir, durante el tiempo en los que se los somete al régimen de explotación. En cambio no están dispuestos ha garantizar los salarios cuando se vislumbra la más mínima sombra de crisis que puede hacer desaparecer o disminuir la tasa de explotación. Tampoco tienen buena predisposición a pagar para cuando los trabajadores se jubilen, están enfermos, se encuentran en el paro o para que puedan sobrevivir sus familiares más allegados cuando ellos mueren.
Desmontar el fatalismo político
Durante los últimos años, la socialdemocracia ha podido asegurarse los soportes electorales aprovechándose del bipartidismo y recurriendo al miedo con el espantajo del retorno del PP.
Este argumento debe quedar totalmente aniquilado. El daño que la socialdemocracia está haciendo es muy grande, y la población debe actuar según el dicho popular de que "quienes la hacen la pagan".
Pero esto no será factible si no revive la izquierda alternativa. Tenemos que encontrar los medios para garantizar otras mayorías políticas y sociales. Las divisiones heredadas del siglo XX no pueden servir de excusa. Debemos cooperar todos aquellos que buscamos la transformación social y ecológica y queremos una izquierda digna de ese nombre. La unidad es una necesidad y una condición previa para el renacimiento de la esperanza en el terreno de la propuesta política de carácter electoral, al igual que la unidad sindical lo es para el triunfo de la huelga general.
(*) Alerta