El torniquete precarizador no paraa nunca de girar y seguirá haciéndolo, sin darnos respiro, a menos de que le paramos los pies con la huelga general.
La última vuelta de torniquete (hasta la fecha) afecta a los parados al endurecerse las exigencias en la percepción de la prestación de desempleo.
Con las medidas aprobadas recientemente el gobierno pretende a) manipular las estadísticas obligando a los parados a aceptar cualquier empelo o a darse de baja como demandantes y b) disminuir el gasto público a costa, una vez mas, de los más vulnerables.
Esta actuación precarizadora y las justificaciones cínicas que la han acompañado no tienen en cuenta para nada la explicación que sobre el paro dann los manuales de economía convencional que diferencian entre tres tipos de desempleo: 1) friccional, 2) estructural y 3) cíclico.
Desempleo friccional.
El desempleo friccional se debe al movimiento normal de las personas que momentáneamente abandonan un empleo para buscar otro mejor.
La incorporación de nuevas generaciones al mercado laboral y las mejoras personales en el nivel formativo contribuyen a esta modalidad de desempleo ya que inicialmente se suele tener unas tasas de rotación más alta al tardar un cierto tiempo antes de encontrar una empelo donde situarse definitivamente de acuerdo con las expectativas que uno tiene.
Una característica que diferencia a al desempleo friccional de las otras modalidades que veremos más adelante es su carácter voluntario.
El desempleo friccional fue mayoritario en España los últimos años del franquismo en las zonas más industrializadas donde la gente emigraba y donde se encontraba trabajo con cierta facilidad. La situación fue radicalmente diferente en las zonas menos desarrolladas del país puesto que una parte de la gente las tenía que abandonar si quería encontrar un trabajo más o menos estable.
Ahora, este desmpleo es residual: Las personas no se arriesgan a abandonar su empleo, por muy precario que este sea, y todo el mundo es consciente que las posibilidades de encontrar un trabajo mejor son escasas. Siguen habiendo personas que cambian de un puesto de trabajo a otro. Pero sólo lo hacen las que cuentan con garantías de ser contratadas de nuevo . Por lo tanto, estas personas no alimentan en ningún momento las filas del paro.
Desempleo estructural
El desempleo estructural está motivado fundamentalmente por los cambios tecnológicos y por la realidad de la economía de un país. En este caso, los trabajadores se quedan sin trabajo y no encuentran otro porque las maquinas los expulsan temporalmente de las empresas o bien debido a las bolsas de subdesarrollo y a la existencia de un número importante de trabajos estacionales y de trabajos de naturaleza temporal.
Este tipo de desempleo en España tiene mucho peso. Cómo hemos visto más arriba, bajo el franquismo ya estaba arraigado en las zonas más atrasadas económicamente y sólo se podía evitar con la emigración hacia otros lugares del Estado español o hacia el extranjero.
El trabajo estacional y temporal también tienen incidencia en España dadas las características de nuestro patrón productivo.
Por otro lado, el paro estructural de naturaleza tecnológica acostumbra a producirse en los periodos de bonanza económica al ser entonces cuando se llevando a cabo la mayor parte de los cambios en las máquinas de las empresas.
El desmpleo cíclica
El desempleo cíclico tiene su origen en la recesión económica. La importancia de este tipo de paro en España puede llegar a ser enorme como pudimos comprobar en la crisis económica de los años 70 y cómo volvemos a ver ahora.
Este desempleo se combate a través de la acción gubernamental garantizando medios de subsistencia a los parados e intentando compensar las desaceleraciones del ciclo con la inversión pública.
La confusión del gobierno
Qué tipo de desempleo afecta a la economía española?
El desempleo estructural, cómo hemos visto, es crónico y es, junto con el friccional, el que se encuentra detrás de una parte del fenómeno de la rotación laboral. Ahora bien, otra parte considerable de esta rotación en España viene ocasionada a) por nuestro modelo de relaciones laborales que abona la temporalidad en la contratación y permite el despido libre y b) por el interés empresarial de disponer en todo momento de un nutrido ejército de reserva.
Este desempleo se podría combatir a) con una modificación del patrón productivo, b) eliminando los aspectos precarizadores de la legislación laboral y c) garantizando la formación de los trabajadores que momentáneamente no encuentran empleo por la sencilla razón que sus conocimientos ya no son aplicables a los trabajos existentes.
Pero el crecimiento del paro al que hemos asistido en los últimos dos años es mayoritariamente coyuntural, o sea que viene provocado por la disminución de la producción en la industria, por una disminución impresionante en la construcción de viviendas, por un proceso de reestructuración en el sector financiera,… y por la inexistencia de nuevos puestos de trabajo que permitan absorber los que se van destruyendo día a día.
Por lo tanto, el desempleo en España es el resultado de la suma del desempleo estructural y del cíclico. Ahora bien, ambos se encuentran estimulados por un marco laboral de relaciones laborales claramente precarizador que no hace otra cosa que acelerar la rueda de la rotación laboral.
Para combatir el paro cíclico, cómo hemos visto más arriba, se necesita una mayor acción gubernamental. Ahora, el gobierno español ha decidido emprender el camino opuesto.
Los cambios estructurales necesitan tiempo y de momento no se ven por ninguna parte. Los cambios que se están impulsando van en la línea de seguir precarizando el mercado de trabajo, privatizar aún más la industria, los servicios y el sector financiero y reforzar su dependencia del exterior.
Cada vez tenemos más motivos para impulsar la huelga general.