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Productividad y distribución de la riqueza

Acaba de caer en mis manos una estudio (*) de Ellen Rusell y Mathier Dufour , publicado el 2007 por el Centro Canadiense de Políticas Alternativas, que muestra como en el Canadá los salarios medios se estancaron desde 1980 mientras que la productividad por trabajador, también en término medio, aumentó.

Esta realidad deja en entredicho, de nuevo, la aseveración que una economía en crecimiento siempre acaba produciendo beneficios compartidos de los cuales al final disfrutan la mayoría de los trabajadores.

Según el estudio, si el salario medio se hubiera beneficiado de los aumentos de productividad desde 1991, en el año 2005 hubiese sido 200 $ más alto por semana.

Pero esto no sucedió y el aumento de la productividad alimentó sobre todo los beneficios empresariales.

PRODUCTIVIDAD, SALARIOS Y TEORÍA ECONÓMICA

La desconexión entre productividad y salarios, demostrada de manera contundente en el estudio, también se ha producido en la mayoría de los países industrializados durante la época neoliberal y, por supuesto, también en España.

Durante estos años, la mayoría de manuales de economía - y los de historia económica- han mantenido que las mejoras de productividad de los trabajadores de hoy explican por qué sus salarios reales (el poder adquisitivo de sus ingresos) son más altos que en el pasado.

Ahora bien, los hechos que acabamos de describir -y también lo ocurrido a lo largo de la historia – dejan al descubierto que la distribución de las ganancias de productividad no vienen por generación espontánea sino que dependen de la correlación de fuerzas.

Y éste es precisamente uno de los temas centrales del debate político y social de nuestros días. Lo encontramos, incluso - como explicaré a continuación- detrás de la controversia sobre el sistema de pensiones y su viabilidad futura.

PRODUCTIVIDAD Y PENSIONES

Las ganancias en productividad han avanzando a lo largo de los años junto a otros progresos (en materia sanitaria o en higiene pública, por ejemplo) y esto ha permitido mejorar el bienestar de la población y alargar la esperanza de vida.

Si nos ceñimos a la esperanza de vida, nos daremos cuenta que es un fenómeno que se viene produciendo desde hace unos siglos y que en ningún momento ha comportado un obstáculo para garantizar un sistema publico de pensiones. Más bien ha ocurrido lo contrario, puesto que los sistemas de seguridad social han cuajado mientras la esperanza de vida se prolongaba, al coincidir su implantación con las mejoras en la productividad del trabajo.

Ahora no hay razón para pensar qué esta tendencia se romperá dado que todo indica que en el futuro las mejoras de productividad superarán los incrementos en el alargamiento de la vida de los trabajadores jubilados.

PRODUCTIVIDAD Y ALIMENTACIÓN

Un fenómeno parecido, que en su día también fue objeta de polémica, ha ocurrido con la alimentación de la población: Por una parte crecía la población no agrícola y por la otra disminuían, no sólo en términos proporcionales, sino en números absolutos, las personas que trabajaban en el campo. Esto, contraviniendo las tesis pesimistas de Thomas Robert Malthus, no ha comportado ningún obstáculo para garantizar que la gente pudiera comer ya que esta disminución se ha compensado, a través de los incrementos de productividad.

LA PRODUCTIVIDAD Y EL FUTURO

Ahora el capital no quiere perder la situación de privilegio que ha conquistado a la época neoliberal e intenta establecer las bases para apropiarse de las ganancias en productividad futuros. De ahí que intente estancar la parte de la riqueza destinada a remunerar los trabajadores (o disminuirla), y sobre todo, que quiere rebajar la parte que corresponde a cotizaciones sociales.

Lo que verdaderamente está en juego no es otra cosa que la futura distribución de la riqueza.

(*) RISING PROFIT SHARES, FALLING WAGE SHARES