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Usted, el banquero y el futuro de la Seguridad Social

Ponerse en la piel de otro a veces ayuda a entender su conducta, incluso cuando éste otro se sitúa en un punto opuesto al nuestro. Eso es lo que intentaré a continuación que haga Usted.

Imagine por un momento que Usted es el presidente del Consejo de Administración de un gran banco y que este banco realiza operaciones muy importantes en los mercados financieros.

En esta situación, seguramente intentaría que la mayor parte del dinero circulara a través de su entidad financiera y que este dinero permaneciera durante el mayor tiempo posible; así podría utilizarlo según le conviniera.

Para obtener fondo, haría todo lo que estuviera a su alcance con tal de conseguir que los trabajadores domiciliaran los cobros de las nóminas y que todo el mundo le confías sus ahorros.

Pero tendría que saber que eso del negocio bancario ahora ya no es como antes. Ahora, los ahorros y la domiciliación de las nóminas, únicamente le permitiría disfrutar de un campo de actuación muy reducido. Por lo tanto, querría ampliar su negocio.

Seguramente que dadas las circunstancias actuales, para Usted sería muy difícil aceptar que los millares de millones que ahora obtiene la Seguridad Social se escaparan de sus manos y fueran directamente a manos de los jubilados en forma de pensiones. Eso probablemente lo pondría frenético ya que es como una golosina a la qué de momento no puede acceder.

Imagine, también, que las posibilidades de los trabajadores de tener derecho, en el momento de su jubilación, a una pensión pública, obstruyera la comercialización de los seguros de jubilación que ofrece su entidad y que considerara que estos seguros podrían significar una maravillosa oportunidad de negocio en el futuro. Seguramente que eso todavía lo sacaría más de quicio.

Además, a Usted, como banquero, le interesaría que los más ricos pudieran continuar acumulando cada vez más riqueza. Eso le permitiría ofrecer su entidad a estas personas y llevar a cabo operaciones de mayor envergadura. Pero imagine que entonces también descubre que en este terreno el actual modelo de financiación de las pensiones no lo favorece. Tiene que saber que cuánto más peso tiene la distribución y más extendida está la solidaridad, menor es la acumulación. ¿Qué rabia, no?

Pues bien, todo eso es más o menos lo que está pasando en silencio gracias al sistema actual de Seguridad Social donde los jubilados reciben una pensión que les permite afrontar la vejez con cierta dignidad sin que este dinero pase previamente por los mercados financieros.

No descarto que al llegar a este punto, alguien me corrija y diga que a pesar de todo, los bancos no quedan al margen del cobro de las pensiones. Esta observación, en parte es pertinente, pero no olvide que en el mejor de los supuestos, las entidades financieras tienen que conformarse con que los jubilados domicilien sus pensiones y aquí se acaban sus posibilidades de negocio. Eso para ellas es poca cosa.

Si Usted tuviera el poder que tienen los especuladores y los banqueros y estuviera dispuesto a defender los interesar en que ellos defienden, seguramente que recurriría a todo lo que encontrara a su alcance para invertir esta situación. No aceptaría, de ninguna manera, que todo este montón de dinero quedara en manos de la Seguridad Social mientras Usted tiene que mirarlo desde la barrera.

Para invertir esta situación, Usted diría que la Seguridad Social no utiliza adecuadamente todo este dinero, que continuar así no tiene sentido y que al final este sistema se acabará hundiendo.

¿Ahora bien, si Usted fuera banquero, qué tipo de Seguridad Social le convendría? Para responder hace falta saber previamente que existen diferentes maneras de financiar y regular un sistema de pensiones.

El actual sistema se financia a través de un modelo que se denomina de reparto donde el dinero recaudado con las cotizaciones sociales de cada año se destina a pagar las pensiones que los jubilados reciben éste mismo año. Es, por lo tanto, un sistema solidario en el cual las entidades financieras no participan. A Usted, si fuese banquero le convendría eliminarlo o disminuir su peso para delegarlo a una situación residual.

Hay otra manera de financiar el sistema: la capitalización. En este caso, las aportaciones de cada individuo se ponen en manos de entidades financieras que las invierten según su criterio a la espera que al final se obtenga un rendimiento que permita hacer efectiva la futura jubilación de la persona que ha ido cotizando. Aquí, por lo tanto, la gestión queda en manos de las entidades financieras a las que se entregan los recursos recaudados. Eso demás, permite a estas entidades cobrar una cuantía en concepto de gastos de gestión y para publicidad. Estos últimos cobros son muy importantes: no olvide Usted, que actualmente una de las principales fuentes de beneficio de las entidades financieras son los ingresos por comisiones y servicios. Seguramente que este modelo, a Usted como banquero, le iría de maravillas.

Pero no todos los sistemas de capitalización son iguales. Unos son de prestación definida y otros de aportación definida.

En el primer caso, la persona que cotiza tiene garantizada una pensión (prestación) claramente definida previamente. En otras palabras, sabe con certeza la cuantía de su jubilación.

En el segundo caso, en cambio, sólo queda claramente definida la aportación que hará la persona que cotiza. La pensión futura, en cambio, queda sin definir y dependerá de la rentabilidad obtenida con la inversión.

Ante estas dos opciones, a Usted, como banquero, le interesaría sobre todo el sistema de aportación definida. Con este sistema tendría garantizadas mensualmente una aportaciones que los depositarios no podrían retirar (una especie de "corralito") hasta después de muchos años. También tendría derecho a cobrar las comisiones por la gestión de los fondos y a pagar con el dinero recaudado la publicidad de sus planes de pensiones para captar nuevos clientes.

Bien. Espero que la simulación le haya ayudado a entender la conducta actual de los especuladores y de los banqueros y se haya dado cuenta de que los intereses de esta gente y los de la mayoría de la población son radicalmente opuestos.