De vez en cuando, encontramos algún economista convencional que acepta que en nuestra sociedad hay clases sociales y que las decisiones económicas de los gobiernos favorecen a unas y perjudican a otros.
Esto es lo que acaba de suceder en uno de los últimos artículos de Paul Krugman que lleva por título "clase y seguridad social", donde acertadamente no sólo critica los intentos de recortar los beneficios de la Seguridad Social y de elevar la edad de jubilación en los EE.UU. sino también pone al descubierto el carácter clasista de estas medidas. El paso adelante de acercamiento al marxismo que da Paul Krugman es positivo y lo tenemos que valorar.
Pero en el artículo en cuestión, Paul Krugman singulariza el conflicto de clase alrededor de las prestaciones contributivas de la Seguridad Social e intenta obviarlo en otros temas.
Veamos sus palabras:
“Cuando los gastos médicos son grandes, incluso los ricos están muy agradecidos que Medicare [seguro médico administrado por el gobierno de los EE.UU.] pague la factura (...). La importancia de Medicare , en definitiva, es evidente para todos, excepto para los más opulentos”.
“La Seguridad Social (...) [en cambio] afecta muchísimo las rentas [inferiores a la mediana], pero no tanto a la gente del club de los [ricos.]. Un recorte del 30 por ciento en los beneficios de la Seguridad Social representaría un desastre para decenas de millones de norteamericanos, pero seria casi imperceptible para [ los que no viven de las rentas del trabajo] (...). "
Esta manera de explicar las cosas puede hacer creer que las prestaciones universales que garantizan las políticas públicas no tienen que ver con la lucha de clase puesto que cubren a todo el mundo. En cambio, las prestaciones contributivas de la Seguridad Social (y de una manera especial las pensiones de jubilación) si que benefician los asalariados de forma casi exclusiva.
Pero alrededor de las prestaciones públicas universales también se ventilan problemas de clase. En la sanidad, por ejemplo, y cogiendo el mismo tema que elige Paul Krugman, las grandes compañías farmacéuticas y las empresas que apuestan por hacer negocio con determinados servicios médicos, se juegan mucho dinero y sus intereses chocan de lleno con los de la mayor parte de las clases populares.
Aplaudimos este reconocimiento de la existencia de las clases y de la lucha entre ellas por parte de Paul Krugman, pero de momento parece que todavía no ha entendido que esta lucha es más profunda y determina muchas más cosas de las que nos dice en su artículo