El debate sobre el futuro de las pensiones y su relación con las tendencias demográficas en España y otros países ricos, de hecho es un debate entre aquellos que se preocupan por mejorar el futuro de nuestros hijos y los que quieren explotarlos tanto como les sea posible. Pero las cosas no las presentan así, y las camuflan con disquisiciones sobre el desastre que se nos vendrá encima debido a las bajas tasas de natalidad y de una mayor esperanza de vida.
Aunque ahora tenemos una población mucho más envejecida que antes, en promedio, somos más ricos. La razón de esta paradoja se encuentra en la productividad que ha ido progresando un 2% anual durante los últimos 50 años. Si estos crecimientos es mantiene, de aquí a 20 años los trabajadores en una hora de trabajo producirán casi el 50% más que ahora y dentro de 40 años se estará produciendo el 120% más. Estas ganancias de la producción pueden permitir a nuestros hijos y nietos disfrutar de un mejor nivel de vida y hacerse cargo de las pensiones de los jubilados.
Si bien ningún economista serio puede cuestionar esta aritmética básica, los traficantes del miedo demográfico siempre acaban saliendo con historias sobre la carencia de mano de obra joven. Este es un truco barato. En los últimos años, incluso en los periodos de mayor crecimiento económico, nuestra economía no ha sido capaz de ocupar a toda la población en edad de trabajar y ha tenido que convivir con un número importante de parados, con reservas de mano de obra femenina y con millones de personas extranjeras dispuestas a cruzar las fronteras para poder trabajar.
Por otro lado, en el supuesto que hubiera escasez de mano de obra, esto no tendría que tener forzosamente un papel negativo puesto que permitiría a los trabajadores ser más selectivos a la hora de elegir un puesto de trabajo. Probablemente nadie querría trabajar en las condiciones precarias de ahora. Esto significaría que las empresas más rentables y productivas tendrían que ofrecer salarios más altos. Los puestos de trabajo menos productivos, en cambio, quedarían vacantes. Las carreteras estarían menos congestionadas y las ciudades serían más habitables.
En resumen, no hay ningún problema demográfico irresoluble. El único problema es que una serie de personas que ocupan lugares de influencia y de poder han decidido bombardearnos con cálculos matemáticos sesgados con el fin de arrebatarnos una parte de nuestros derechos sociales y favorecer a los explotadores.