El
14 de septiembre de 1867, Karl Marx, después de muchos esfuerzos y
sufrimientos, tuvo en las manos, la edición del primer volumen de El
capital. De esto hace 150 años. Había
estado trabajando en la sala de lectura de la biblioteca del
Museo Británico durante más de diez años, investigando las
particularidades del modo de producción capitalista. Aún
vivió tiempo suficiente para ver publicada la 2ª edición del libro en
alemán y lo aprovechó para hacer algunas modificaciones. También
llegó a visualizar la publicación de la edición francesa, de la que
corrigió la traducción personalmente y a la vez cooperó con la
traducción de la edición inglesa que aparecería después de su muerte. Desgraciadamente,
no tuvo tiempo de terminar el resto de los libros previstos en la obra,
aunque dejó mucho material escrito que permitió a Engels publicar, más
adelante, los libros 2º y 3º de El capital. 150
años después, podemos decir que esta gran obra ha sido traducida
prácticamente a todas las lenguas y que, a pesar del silencio al que ha
sido sometida y haber sido declarada muerta o obsoleta muchas veces, se
ha convertido en una de las más consultadas y comentadas de la historia.
¿Qué explica, pues, el libro?
En
primer lugar, parte de un hecho tan obvio, como que todos los productos
y servicios que necesitamos provienen del esfuerzo del trabajo humano
sobre la naturaleza. Como
Marx comentó en una carta "Cualquier niño sabe que una nación que deja
de trabajar, no un año, sino incluso unas semanas, se hunde. Todo niño
también sabe que las masas de productos que corresponden a las
diferentes necesidades , requieren masas diferentes y cuantitativamente determinadas del trabajo total que debe llevar a cabo la sociedad. "Bajo
el capitalismo, este trabajo crea valor y este valor tiene un papel
relevante a la hora de determinar la cantidad con la que unas
mercancías se intercambian por otras o para determinar el montante de
dinero asociado a cada una de ellas. El
capitalismo, pues, se distingue de las formas anteriores de producción
social por la creación de valor, que al fin y al cabo, no es otra
cosa que trabajo (abstracto) asociado a cada una de las mercancías. Los
mecanismos de la competencia, fuerzan la mejora tecnológica, empujando a
los capitalistas a no superar el nivel de trabajo "socialmente
necesario" y reducirlo si es posible, mejorando la productividad social y
desarrollando las fuerzas de producción. Todo ello modifica cada día la cuantía de valor de cada una de las mercancías.Pero este valor no es creado por personas que controlan su producción y trabajan de manera aislada. Bajo
el capitalismo, la propiedad de los medios de producción,
imprescindible para poder realizar el proceso de trabajo en las
condiciones tecnológicas apropiadas, se encuentra en manos de unos
pocos, mientras que la gran mayoría sólo tiene la posibilidad de vender
su fuerza de trabajo o trabajar de manera subordinada, al servicio y antojo de las grandes corporaciones. De
este modo, la producción (y el valor) queda en manos de los
capitalistas, que no buscan otra cosa que la creación de un beneficio. Este beneficio se obtiene a través de una plusvalía apropiada gracias la explotación de los trabajadores. El poder está en manos del capital y el trabajo es alienado.
Un concepto central, y muy potente, de El capital, es el de "fetichismo de mercancías". En
términos más generales, este fetichismo es la ilusión que surge de la
centralidad de la propiedad privada en el capitalismo, que determina no
sólo como la gente trabaja y interacciona, sino también como percibe la
realidad a través de este intercambio, mientras que el proceso de trabajo y las relaciones sociales de producción, quedan escondidos.
Para
Marx, el capital no es una cosa aislada, ya sea una fábrica, un robot,
una tienda, una entidad financiera o una cantidad de dinero. ¡Es una relación social específica! Una fábrica es una propiedad privada y el trabajador debe trabajar haciendo lo que le ordenan. La relación social entre el empresario y el trabajador es la que permite la producción capitalista.
Para
que haya capitalismo, se requiere que los trabajadores sean "libres" en
un doble sentido: "libres" para vender su propia fuerza de trabajo (no
vinculada por otras relaciones y limitaciones socioeconómicas) y "libre"
de cualquier propiedad de los medios de producción,
de manera que no tengan ninguna otra elección que no sea vender esta
fuerza de trabajo si quieren garantizar la supervivencia material. Incluso ahora, que las relaciones contractuales parecen más complejas
debido a la aparición de la subcontratación y el trabajo en red, esta
relación social subyacente sigue siendo fundamental.
Pero el capitalismo no siempre ha existido y no es eterno. No es la única manera que tenemos los seres humanos para organizar las sociedades. Más
aún, el capitalismo, es una forma de producción que no nace de "manera
natural", sino que lo hace con violencia y opresión, destruyendo libertades,lenguas,
culturas y pueblos, expoliando a las poblaciones de sus medios de
producción, para poner a la mayoría de los humanos a disposición de los
grandes capitales que lo monopoliza todo. La concentración de la
propiedad de los medios de producción en unas pocas manos es lo que hace que el capital pueda ejercer su papel en la producción. Esta
concentración se sustenta en la expropiación de aquellos que antes
estaban vinculados a la tierra, como campesinos y pequeños artesanos que
podían producir de manera independiente. El
proceso de "acumulación primitiva" ha sido a menudo un proceso
violento, y aún lo es, aunque ahora lo hace de maneras más complejas,
debido al desarrollo desigual del capitalismo en diferentes regiones y
en diferentes sectors.
Marx consideró que el
modo de producción capitalista va de la manod de la acumulación de capital y que
esta acumulación es la razón principal de la existencia de diferencias
sociales cada vez mayores y del proceso creciente de la población parada. Hoy en día, una nueva generación, sufre en propia piel, las grandes crisis capitalistas. Cada
vez hay más gente preocupada por su futuiro y la creciente
desigualdad, pero son pocos los que vinculan todo ello con la dinámica
propia e inevitable del capitalismo. Esto
nos obliga a rechazar una parte de nuestro legado intelectual, mayor de
los que algunos imaginan, y recuperar las herramientas de análisis que
El capital nos aporta. Si, como decíamos más arriba, para que haya
capitalismo es necesario que haya concentración de
los medios de producción en pocas manos, a medida que se desarrolla el
capitalismo y se expande el mercado mundial, este proceso de
concentración y expolio aumenta. El
capitalismo no puede alcanzar su propio objetivo de extraer más y más
beneficio explotando el trabajo y eliminar a la vez la explotación, la
pobreza, el desempleo y las desigualdades sociales. Además, es un sistema condenado periódicamente a situaciones de crisis. Hay
una contradicción fundamental entre la producción de los bienes y
servicios que necesitamos y la necesidad de que los propietarios
privados de los medios de producción y controladores de nuestro trabajo,
obtengan beneficios en un modelo organizado sobre la competència.
La
clase obrera fabril que Marx describe en El capital puede haber disminuido, pero la clase obrera del mundo nunca había sido tan grande como lo es ahora. Hay
miles de millones de hombres y mujeres al servicio del capital, en la
India, Brasil, China, África y tantos y tantos otros lugares. Las diferencias sociales no han disminuido sino que han aumentado en los últimos 150 años. El
paro ha alcanzado unas cuotas nunca vistas, y ahora hay un ejército
industrial de reserva mundial de millones y millones de personas, muchas
de las cuales se ven obligadas a ir de un lugar a otro, buscando la
manera de subsistir. Todo esto no es culpa de la tecnología, como intentan hacernos creer desde el pensamiento dominante. Tiene que ver con las relaciones sociales de producción. Y esta es, precisamente, una de las grandes apòrtaciones que hizo Marx en El capital.