Durante los últimos meses hemos oído hablar mucho en Cataluña del concepto "brecha social". De hecho comenzó a difundirlo por España la derecha más extrema, yV
de una manera particular, Jose María Aznar, pronosticando que la
reivindicación independentista provocaría una división extrema difícil
de superar.
Desgraciadamente,
últimamente este concepto, utilizado cada día por los medios de
comunicación de masas, también ha calado en algunos partidos de
izquierda y entre algunos sindicalistas. Han
llegado a considerar que la realización de manifestaciones
independentistas por un lado y de manifestaciones reivindicando la
unidad de España, por la otra, con sus banderas y consignas
correspondientes, serían la evidencia de que la brecha ya se ha
producido. Las caceroladas de distinto signo y la aparición de banderas
"confrontadas" en los balcones de nuestros pueblos y ciudades, añadirían
nuevas constataciones de esta brecha.
Pero
el término "brecha social" se empezó a emplear, en el ámbito general,
de una manera muy diferente a la que ahora se utiliza para ensuciar la
lucha de liberación nacional en Cataluña y hacerla responsable de no se sabe cuántas fechorías.
Inicialmente
se popularizó, especialmente en América Latina, para señalar una
situación extrema en las diferencias sociales, pero sin hacer ninguna
referencia a la lucha de clases, ya que no es un concepto desarrollado
desde el marxismo.
La palabra brecha (o fractura) evoca, no sólo a una situación de diferencia social extrema, sino a una grieta, a una rotura.Entonces, en una esquina quedan los incluidos y en la otra los excluidos.
Por lo tanto, en vez de hablar de clases en lucha, los teóricos de "la
brecha social", prefieren quejarse por las situaciones que ellos
consideran críticas y piden que se eviten, para garantizar la paz
social.Si,
por ejemplo, funciona el llamado "ascensor social", entonces hay un
buen mecanismo para impedir llegar a la brecha y ya podemos sentirnos
todos incluidos, ya que pensamos que el sistema nos ofrece posibilidades
de mejorar. En estas condiciones, según estos teóricos, el sistema marcha bien. Si
no funciona este "ascensor social", en cambio, y una parte de la
población no encuentra un trabajo con un salario digno, entonces hay una
gran inseguridad económica e incertidumbre en el futuro entre una parte de
la población y esto puede animar a los disturbios, especialmente en los suburbios donde la población se siente excluida. Aun así, la situación todavía se puede parchear con políticas públicas
para atenuar la desgracia "de los que no siguen", y conseguir que
gracias a estas políticas no se sientan excluidos.
Una
analogía de este concepto, la hemos encontrado últimamente en la
llamada "brecha digital" que daría lugar a dos grupos sociales
diferenciados: uno sería el que tiene acceso a internet y el otro el que
no lo tiene y queda excluido de los ventajas que de ello se derivan. Es evidente que la analogía sólo es anecdótica y hay que tomarla únicamente como un ejemplo para ilustrar lo que decimos.
Como
se puede constatar, nada de esto tiene que ver con la pluralidad política o
con las diferentes concepciones que la población puede tener sobre un
tema concreto, como es en nuestro país, la cuestión nacional. La
pluralidad política e incluso el mismo concepto de PARTIDO indican que
una parte de la ciudadanía se organiza de manera separada del resto para
hacer realidad un proyecto político que otra parte no comparte. La
brecha social, en cambio, vendría dada, por el tipo de desarrollo
económico y por el marco de relaciones sociales existentes. Esto, ciertamente, no es independiente de la aplicación de los
programas políticos, pero sí que hay que tener claro la particularidad
del fenómeno.
Hay que decir, en todo caso, que los marxistas no acostumbramos a emplear este tipo de terminología sesgada. Para
nosotros las diferencias sociales son debidas a la posición de clase
que los individuos ocupan en un sistema determinado de relaciones
sociales de producción y consideramos que entre estas clases hay una
lucha, que tarde o temprano termina siendo irreconciliable. Y hay que tener claro que quiere decir esto de irreconciliables para
no encontrarnos con sorpresas en el momento que la conflictividad
estalla.
Es
una lastima, pues, que gente que se autodefine de izquierdas, salga
ahora con esta terminología y caiga con la trampa de emplearla para
hacer referencia a las distintas percepciones sobre la cuestión nacional
que existe entre la población, unas percepciones que en momentos críticos como los que ahora estamos viviendo, emergen.
Más
lastimoso es aún, que los mismos que afirmaban hace cuatro días que la
cuestión nacional es un engaño de la burguesía para ocultar las
fechorías sociales del capitalismo, ahora digan que la cuestión nacional
crea la fractura social, tapando que es el capitalismo el que crea este tipo de fractura.
¿Podemos, en algún caso, utilizar esta terminología y hacerla compatible con el análisis de clases? ¡Sí, claro que podemos! Podemos hacerlo, por ejemplo, al señalar aquellas situaciones extremas en que al problema de la explotación se agrega el de la exclusión. Marx, en todo caso, para referirse a estas situaciones extremas a las que se ven condenados una parte de los explotados, utilizó el concepto "pauperización". Estas situaciones de pauperización deben analizarse cuidadosamente y deben ser bien gobernadas, evitando caer en el error de ignorarlas o en el error de considerar que los explotados son únicamente los excluidos, mientras que el resto de las clases trabajadoras se las asimila a las mal llamadas "clases medias". La lucha contra la exclusión, en todo caso, nos obliga a escuchar y dialogar, para evitar un enfrentamiento entre unos explotados y otros y nos obliga a construir un proyecto político que tenga como columna vertebral, la unidad y la solidaridad en la lucha contra todas y cada una de las formas de opresión, sin claudicar, en ningún momento, de nuestras aspiraciones emancipatorias.